ROJO SOBRE GRIS
Sal y azúcar
Por Amalia Casado
2 min
Opinión27-12-2010
Siempre dejo el azucarero encima de la mesa de la cocina cuando por las mañanas me preparo el café. Es una de esas manías que uno se da cuenta de que se le ha pegado a la vida, aunque ciertamente tiene una razón de ser. En mi casa no tenemos azucarero: tenemos tarro grande lleno de azúcar. Pesa, y está en una alhacena relativamente alta para mí, que soy bajita, así que, cuando lo saco por la mañana la primera vez, me gusta dejarlo a mano para cuando me preparo el segundo, el tercero o incluso el cuarto café. Me he acostumbrado a tener el bote ahí, a la vista, y ya no lo veo. No me molesta. Es de cristal transparente, tiene un cierre metálico de color acero y una goma naranja alrededor de la tapa para cerrarlo a presión. La cocina es de esos colores: blanco, acero y naranja. Así la diseñaron mi hermana y su marido, que son arquitectos, y me gusta cómo queda ese tarro sobre la mesa. Pero mi marido, que toma el café con sacarina, sí lo ve: "No has guardado el azúcar", me dice un día tras otro. En mi casa hay un gran tarro de cristal idéntico al tarro de azúcar donde se guarda la sal. Sobre la misma mesa en que desayunamos también se cocina, porque es una península de esas que contiene los fogones pero con superficie suficiente para sentarse a comer o a trabajar. A mi marido le confunde tener el tarro de azúcar sobre la mesa, porque a veces lo confunde con el tarro de la sal y, por lo general, es él quien cocina. A él le gusta tener la sal a mano, sobre la mesa. A mí me gusta que sea el azúcar. A veces él confunde la sal y el azúcar, y a mí me sucede igual: he puesto sal al café tantas veces que ya ni puedo llevar la cuenta. Hace una semana, la última vez que escupí ese frustrante café salado, tomé la decisión: "Pondré un cartelito a cada bote para distinguirlos entre sí", me dije. Después de estos dos primeros días de Navidad en familia he cambiado de opinión. No sé muy bien por qué, pero quizás tenga que ver con que no quiero borrar de la memoria de mi futuro esta confusión tan hogareña y divertida. Me la quedo. Rojo sobre gris a las imperfecciones de la vida que nos hacen querernos como somos.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo