ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El grito de Navidad
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad26-12-2010
"¡Feliz Navidad!" Dijo a voz en grito y con una sonrisa sincera en la boca este 25 de diciembre. No sería noticia si la persona que pronunció tales palabras no fuese nacida en Marruecos ni orase rumbo a la Meca. Y ese gesto de amistad no sería noticia si en España la mayoría cristiana y sus gobernantes no tuviesen vergüenza por reconocerse seguidores del Niño Dios que nació en Belén hace dos mil años. La sonrisa se ensanchó ante la respuesta mecánica de un "igualmente", rectificada de inmediato con un atropellado "gracias" al amigo marroquí que pensó que estaba haciendo lo correcto. ¡Vamos si lo estaba haciendo! ¡Y sin complejos! Llega la Navidad y parece que da grima felicitarse como Dios manda. Señores, que celebramos la onomástica de Cristo, que fue un tipo que cambió la historia y, mal que les pese a muchos, los corazones de millones y millones de personas. Sólo hay que ver las tarjetas de felicitación que llegan a los buzones, virtuales u ordinarios. Se felicitan "las fiestas" -¿cuáles?-, se utilizan paisajes nevados y frases poéticas con buenos deseos y, muchas veces, vacías intenciones y con retóricas de cartón-piedra. Por suerte, el mensaje del Niño Dios se ha hecho un hueco de la mano de las nuevas tecnologías. Este año se lleva la Navidad 2.0, con un toque de inteligencia, talento y buen humor que recuerda a los internautas de este planeta que hubo una vez que Dios quiso hacerse hombre para dar testimonio de cómo se debe amar. Y, lejos de los regalos caros, el consumismo que inunda nuestras calles estos días, las compras sin razón y la falta de valores auténticos, el exitoso montaje virtual esconde cierta moraleja. Que Cristo nació en un pesebre mugriento, que su venida al mundo se aguardaba con ansia, que ante Él se postraron Magos y pastores y que tres décadas después moriría en la cruz "para crearlo todo de nuevo". Bien es verdad que para vivir una Navidad feliz deben coincidir muchas circunstancias. Pero también depende de la actitud que decida tomar cada persona. Se puede pasar una Noche muy buena ingresado en el hospital, en la soledad de cumplir con el trabajo o, incluso, compartiendo mesa con unos desconocidos que han venido a alegrar la velada a los más pequeños. También se puede uno meter en la cama sin apenas haber querido abrir un poquito el corazón a los demás. Y esto ocurre se crea o no en ese Niño, se piense o no en que la Navidad no existió. O, también, todo lo contrario. Se puede construir un poquito de paz gritando "¡Feliz Navidad!" Porque quizás se intuye respetuosamente y sin complejos que el que escucha cree que Dios ha nacido.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo