ANÁLISIS DE ESPAÑA
Y ahora el Sahara
Por Alejandro Requeijo
2 min
España14-11-2010
Al menos una cosa es cierta, el Gobierno ha conseguido que se deje de hablar de la crisis. Pero, pese a lo que podría parecer, esto no ha sido una buena noticia para un Ejecutivo que, menos de un mes después de su remodelación, ya parece quemado. Nació como el gabinete de la comunicación y, sin embargo, ha saldado todos los asuntos sensibles a los que se ha enfrentado con un resultado de caos, desastre y descoordinación. Primero fue en relación al debate sobre el final de ETA donde Rubalcaba tuvo que acabar imponiendo la ley del silencio. Y ahora ha sido el conflicto en el Sahara Occidental. La cuestión ya no es si son justas las reivindicaciones independentistas de los saharauis. La cuestión va más allá desde el momento en el que Marruecos ha vuelto a hacer gala de su nulo respeto por los derechos humanos con el silencio cómplice del Gobierno español. Detenciones ilegales, abusos, brutalidad, asesinatos, acoso a periodistas... ¿qué más hace falta para condenar? En la empresa para rescatar a los tres cooperantes españoles secuestrados en Mauritania el Gobierno se dejó meses de intensa actividad y varios millones de euros de dinero público. Ahora en el Sahara han matado a un ciudadano español y el Gobierno socialista no se ha dejado ni una expresión firme de repulsa. Además, desde el punto de vista político-electoral, los socialistas han dejado escapar una oportunidad de oro en su objetivo de movilizar a su electorado más joven a partir de una causa con la que se identifica un sector muy importante de la izquierda española. Es ese sentido, la foto del PP adelantando al PSOE por la izquierda al compartir pancarta con IU, sindicatos, los Bardem... es un ejemplo más de un Gobierno noqueado. Ya no está Moratinos para culparle de la imagen de debilidad que muestra España en el exterior. De manera que es directamente Zapatero el responsable de esta inexplicable relación de seguidismo hacia un país como Marruecos al que España no debe absolutamente nada. Más bien al contrario. ¿Qué hay entre el presidente y Marruecos para tanta condescendencia innecesaria?. Es difícil de entender. Una cosa es trabajar en recomponer las buenas relaciones con tu vecino para poder pedirle sal siempre que la necesites y otra cosa es encontrártelo en la cama con tu mujer a la vuelta del trabajo y ecima cerrarles la puerta para no molestar. Lo primero es lógico e inteligente, lo segundo es ser un primo.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio