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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Pequeños gestos

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad14-11-2010

Debe de ser la edad, el otoño o, quizás, la coincidencia planetaria de una serie de circunstancias vitales, pero últimamente el menú de preferencias de esta humilde periodista ha variado un poco. Lo del efecto mariposa, aunque parezca una perogrullada, puede cambiar el mundo, y con un poco de optimismo -¿por qué no?- convertirlo en un lugar más humano. "Haz lo que haces", es uno de los lemas que acompañan la infancia de miles de niños en algunas escuelas. Todas las cosas que hacemos forman parte de esa cadena que puede provocar una tormenta en Nueva York. Con tanta prisa no solemos reparar en los pequeños detalles cotidianos, como esa mujer que hace sólo unos días ayudó a un conductor a salir marcha atrás de una calle en una ciudad porque no tenía visibilidad. Posiblemente evitó un accidente por su generosidad. Y el accidente que no se produjo no provocó un embotellamiento por el que decenas de personas habrían llegado tarde a sus citas. Hace también pocos días una profesora novata se agobiaba por cómo llenar dos horas de reloj con palabras. Hasta que pensó que más que en sus inseguridades debía observar la situación con otra mirada. ¿Qué querría que le dijese un profesor si estuviese sentada en el pupitre? Algunos grandes maestros propician relevantes cambios en la vida de sus alumnos, provocando pequeños y grandes efectos mariposas. Ocurre todos los días. Serán las circunstancias, pero muchos pensarían que es inútil hablar con ternura y cariño a una persona que lucha por mantenerse con vida en la cama de un hospital. Pero, afortunadamente, resulta que el tratamiento permite estados de semiconsciencia y la sedación tiene lagunas por las que navegan las palabras y confidencias. Lo curioso -¡y lo grande!- es que el ser humano a veces se conforma con un simple movimiento de ese enfermo que saca fuerzas de flaqueza para lanzar un beso al aire. Y entonces ese día cambia, y esa vida, también. Así que, en medio de este caos del siglo XXI del que somos hijos, quizás no resulte tan contraproducente hablar con una persona desesperada por no llegar a fin de mes, sonreír a un extraño en el autobús, saludar a la vecina o llamar a ese familiar que necesita desahogarse. Son simples gestos que, al margen de la edad, el otoño o las más tontas de las supersticiones, pueden cambiar el mundo. Porque gracias al agua de algunas tormentas pueden germinar muchas flores. Por eso, cuando uno no sabe qué camino debería tomar que se acoja al viejo lema que ven a diario miles de niños. "Haz lo que haces", pero bien hecho, poniendo el alma en cada pequeño gesto si verdaderamente merece la pena mejorar el mundo. Que va a ser que sí.

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

Las personas, por encima de todo