ANÁLISIS DE CULTURA
Mendoza y la Memoria Histórica
Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura18-10-2010
Si hubiera que describir a Eduardo Mendoza se podrían trazar tres pinceladas sobre su persona: sobriedad, ironía, palabra reposada. Su nombre chocó el día del fallo de los Premios Planeta, porque entre los periodistas que andaban por allí se rumoreaban otros autores, María Dueñas (su título El tiempo entre costuras ha conseguido un volúmen de ventas significante);Javier Marías e incluso Elvira Lindo. Riña de gatos. Madrid 1936 ya es pegadizo como título, y su interior alberga la historia de un inglés que llega a Madrid para tasar un Velázquez y acaba en envuelto en una trama de espionaje en un contexto poco alentador. Mendoza investigó mucho sobre Franco, sobre José Antonio Primo de Rivera, como fenómenos históricos. El resultado es un relato objetivo, aunque con grandes dosis de ficción. Una obra que según el autor, se ha escrito más bien para quedar en los estantes de Historia que en Novedades, porque si no abriríamos una nueva brecha histórica. Pero lo cierto es que esa alusión al pasado es la correcta, pero la brecha ya está abierta por otras vías. Mendoza convierte la Guerra Civil en una experiencia. Nuestros políticos (y los que no ejercen de ello) la convierten en una pesadilla. Desde Cataluña piden una reforma de la Ley de Memoria Histórica para anular el juicio de Lluís Companys. El Gobierno blinda el Valle de los Caídos para abrir los osarios a petición de las familias de las víctimas republicanas. Y tampoco hay que olvidar el caso por el que se imputó al juez Baltasar Garzón. El Premio a Mendoza por su obra llega en el momento justo. Los españoles revolvemos los entresijos del pasado-no tan lejano- y el autor rememora una lucha entre todos que ya debería haberse superado. Algunos se empeñan en mantener su presencia con exceso de melancolía.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press