ANÁLISIS DE ESPAÑA
Las palabras de Otegi son las de siempre
Por Alejandro Requeijo
3 min
España18-10-2010
No hay que negar que escuchar lo que tiene que decir Otegi sobre el futuro próximo de Batasuna y ETA es como mínimo interesante. Pero otra cosa es que el líder abertzale cumpla con las expectativas creadas. Y una vez más no lo ha hecho. Arnaldo Otegi no es como esos dirigentes que ya están de vuelta de todo y se permiten el lujo de expresar lo que realmente piensan, caiga quien caiga. Otegi sigue teniendo un proyecto, una estrategia clara. Aun desde la cárcel está perfectamente activo, moviendo sus hilos en favor de ese giro a la supervivencia que desde hace meses emprendió Batasuna. En sus respuestas hay obscenidades como la constante referencia a las víctimas donde equipara a los más de 800 muertos de la banda terrorista con lo que él llama damnificados de la "violencia política". También las siniestras comparaciones con Nelson Mandela o los piropos a Jesús Eguiguren. Elude asuntos claves como el de los mediadores internacionales o la pregunta de por qué la izquierda abertzale no ha condenado ya la violencia. Suelta bravuconadas como cuando dice que se ve sentado en el Parlamento vasco, cuando asegura que es imposible una escisión en ETA que siga matando o cuando sigue negando que la banda ha sido derrotada políticamente. Obvia que es precisamente la acción de las fuerzas de seguridad la que le ha llevado replantearse su discurso. Ya nadie duda de que Otegi quiera seguir -interesadamente- por vías exclusivamente democráticas. La pregunta ahora es si está dispuesto a aceptar esas normas empezando desde cero y sin tratar de sacar réditos a cincuenta años de odio. Si es así, aun le queda pedir perdón y luego muchos años en la cárcel antes de ocupar ningún escaño. Sobre todo Otegi se contradice. Dice que los terroristas no toman decisiones en función de la presión que se pueda ejercer sobre ellos. Sin embargo luego cree que ETA no volverá a los atentados porque así se lo han mandado sus bases. Mientras tanto ahí está la kale borroka, la extorsión a los empresarios y el caso omiso que les ha hecho ETA a la hora de aceptar una "tregua unilateral, permanente y verificable por la comunidad internacional". Lo más importante de la entrevista, como siempre, era comprobar hasta dónde es capaz de llegar la izquierda abertzale en su supuesto alejamiento de la violencia. Y en ese punto lo único que se le arranca es que, "si ETA matara, la izquierda abertzale se opondría". Pero no dice cómo, ni siquiera si lo haría públicamente. Por su puesto sigue sin condenar y sin arrepentirse de nada y eso que apunta a la autocrítica como una de sus señas de indentidad. Además hace trampas: dice lo que dice antes de manifestar su convencimiento de que la banda no volverá a atentar. "Es un imposible" (¿como la T4?). Incluso anuncia que no les hará falta condenar para estar en las elecciones porque para entonces ETA ya no existirá. El Gobierno debería cortar de raíz esa creencia de inmediato. De momento le ha pedido hechos y no palabras, pero también ha cometido el error de reconocerle que estas palabras son "mejores que las de antes". No es verdad, son exactamente las mismas de siempre. Batasuna pretende negociar su legalización y todos los pasos posteriores que llevan a la independencia al tiempo que otorga a ETA la responsabilidad de pactar con el Gobierno la salida de todos los presos (consultar la Declaración de Gernika) y otras cuestiones de carácter "militar". En definitiva, han cambiado algo las formas, pero el fondo sigue siendo el mismo: legitimarse y valerse del terrorismo para volver a competir en política con ventaja. Y eso no vale.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio