ROJO SOBRE GRIS
Lo que falta
Por Amalia Casado
1 min
Opinión17-10-2010
Mi casa sigue a medias, y me doy cuenta cuando tenemos invitados. La mesita de los sofás es una caja sobre la que puedes apoyarte poco porque no resiste, y ahí sigue la bombilla colgando del techo del salón, sin lámpara. Eso, para empezar. Pero un amigo me decía esta semana que lo que más le gusto de nuestra casa fue precisamente la lámpara que falta. Lo imperfecto, lo que no sale como esperábamos, lo que no es como planificamos, lo que sale mal, lo que queda por pulir. Lo que falta. Motivo de disputas y discusiones. Motivo de desentendimientos, de batallas con balas hechas de culpas. Lo imposible. Cuando pensamos en serio en lo que falta, nos damos cuenta de que es infinito y, al mismo tiempo, un desafío ineludible que si no se afronta acaba por destruirnos. A veces nos acostumbramos a nuestras imperfecciones, no las vemos y hasta las justificamos. Necesitamos a los demás para que nos recuerden que la bombilla está fundida; las paredes, desnudas; que la casa no está terminada, que hace frío, que no se ve bien. Pero necesitamos a los demás porque, oculto tras lo que falla, se esconde por lo general un reto más profundo, una lámpara que falta en la casa que es nuestra propia humanidad. “Los problemas nos solucionan”, decía Salvador de Madariaga. Lo que falta, lo que falla a simple vista, es muchas veces sólo un síntoma de un problema que no podemos resolver solos porque necesitamos una transformación que sólo puede producirse recorriendo juntos el camino. No somos la solución, pero pasa por nosotros. Rojo sobre gris a las lámparas que faltan, a los problemas, a las cosas que fallan; porque nos colocan en clave de oportunidad, porque nos hacen experimentar que, en la ecuación del desarrollo humano, el problema es la solución.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo