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ANÁLISIS DE ECONOMÍA

Pancartas y viejas consignas

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía01-05-2010

En este primer día del mes pasé a contracorriente junto a una de las manifestaciones que convocaron los sindicatos por toda España para conmemorar el Primero de Mayo, el Día Internacional del Trabajo. Ironías de la vida, yo iba camino de mi trabajo en el día en que casi nadie trabaja; también es verdad que más irónico es no poder trabajar ni ese día ni ningún otro, una situación que viven cuatro millones y medio de españoles. Volviendo a mi camino, sentí en ese primer mediodía de mayo una sensación de anacronismo: no por el hecho de reivindicar los derechos de los trabajadores, algo que siempre tiene sentido, y más si cabe en esta coyuntura de crisis actual que amenaza con devorar hasta nuestra dignidad; sino por la forma de reivindicarlos. Junto a alguna certera petición, aparecían demandas de las que se van por los cerros de Úbeda y, lo más sorprendente, proclamas de las que se leen en los libros de Historia y parecen transportarte a la II República. Quizás por esta impresión de fotografía en sepia muchos parados de esos cuatro millones y medio que componen el 20 por ciento de la población activa decidieron quedarse en casa y no ir a menear la pancarta. Tienen la percepción de que esto, probablemente, no sirva de mucho, de que no es la raíz del problema. Y es que los trabajadores no son los causantes ni el alimento de la crisis. No es el mercado laboral el que tiene que adaptarse a un sistema con los fundamentos podridos, sino el sistema el que debe renovarse para garantizar el derecho al trabajo y a una vida digna a aquellos a los que alberga. No es de recibo ceder alegremente derechos -ojo, no privilegios arbitrarios ni salarios desorbitados a cambio de colgarse un cartel de jefe y no dar ni palo- en pro del mantenimiento de una estructura que tiene un hambre de perpetuarse más poderosa que sus ansias de proporcionar la felicidad a sus miembros. En esta situación, ofrecer laxas reformas laborales, cambios en la edad de jubilación y modificaciones en las indemnizaciones por despido para superar momentáneamente el bache no es más que un caramelo que mata la gula pero no llena el estómago. Por ello, me gustaría ver en un futuro Primero de Mayo una manifestación que reivindique el trabajo como medio de realización personal y mejora social, de sustento familiar e individual; y que deje de sufrir los mordiscos de ese sistema voraz al que no le importan las personas.

Fotografía de Gema Diego