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Modas y anti-modas

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión26-04-2010

Nuevo referéndum soberanista en Cataluña, y la cosa va a peor. Para los nacionalistas, digo. Un 20 por ciento de participación. Y es lo que nacionalismos son siempre una moda. Sirven para justificar cabreos, para unir en torno a un enemigo inventado. Pero tienen fecha de caducidad. “Pero siempre vuelven”, dicen algunos. Vale, a veces, vuelven. Y tienen repuntes, pero siempre tienen fecha de caducidad. El enfado une un tiempo, el villano común aglutina voluntades con mucha intensidad y por periodos que pueden parecernos más o menos largos… pero son cosas no pueden durar. Otra cosa es el sano patriotismo que, por equilibrado, siempre suena bien, siempre acompaña, nunca pierde los papeles. Es el amor agradecido a quienes nos dejaron lo que hoy tenemos. Eso puede durar. Es sano. Incluso, nos impulsa y anima. Pero, ¿el cabreo sistemático contra un enemigo ficticio? Eso no dura siempre. La primera consultam en diciembre, tuvo un 28 por ciento de participación. La segunda, en febrero, un 21 por ciento. Ésta, apenas alcanza el 20 por ciento. Y la razón no es que no sirvan para nada, pues todo nacionalista sabe de la importancia e los símbolos, y estas consultas se convocan con la pretensión justo de eso, de ser simbólicas. Y lo que simbolizan es que la sociedad catalana no está para esas chorradas. Otras cosas más gordas se les vienen encima, y más les vale estar a bien con todos sus vecinos si quieren salir de esta crisis. Porque ante la crisis hay que dejarse de enemigos ficticios y arrimar el hombro. Todos somos hermanos en la miseria. Pero, hablando de símbolos, resulta que Raúl, sí, sí, Raúl, el capi del Madrí, volvió a marcar. Y cojo. Y pidiendo el cambio. Pero volvió a marcar y ya es el tercer máximo goleador de la historia de la liga. Él sí que es un símbolo, porque no pasará de moda, como lo hacen los nacionalismos. Es un símbolo por su continuidad, por su entrega, por ser ejemplo de deportista, por su mentalidad ganadora, por ser hombre de equipo, por no hablar mal de nadie y por responder a quienes le critican de la única forma en que merece la pena responder: con hechos. En su caso, con discreción, con entrega y, cuando la fortuna le encuentra trabajando, con goles. No se equivoquen, no. Que esto no va de Madrid y Barcelona, de nacionalismos estúpidos o sentimientos encontrados. Va de lo que merece la pena y de lo que no la merece, sea propio o ajeno. Va de lo que conviene desterrar y de lo que conviene conservar. Va de modas pasajera y de anti-modas, es decir, de lo que pasará a la historia y valdrá siempre. En sus últimos días de madridista, Raúl morirá como vivió siempre en el campo. Como un ejemplo de esa persona que uno sueña con tener en su equipo, pues hombres así son necesarios para motivarnos y creer que es posible edificar ese lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach