ANÁLISIS DE ESPAÑA
Se acabó el pasteleo con Venezuela
Por Alejandro Requeijo
2 min
España08-03-2010
La relación de España con Venezuela es como la de ese novio panoli que no se entera -o prefiere no enterarse- de que su chica se la pega una y otra vez con el primero que se le cruza. La diferencia es que en esta ocasión le han pillado con su peor enemigo. Desde la llegada de Zapatero, España siempre ha tendido la mano al régimen del líder bolivariano sin recibir absolutamente nada a cambio. Tan sólo bravuconadas, insultos, chulería y chistes sin ninguna gracia. Y aun así el Gobierno socialista ha puesto la cara gratuitamente apelando a razones diplomáticas y comerciales. Se acabó. El mero hecho de que un juez documente en un auto las relaciones entre ETA y las FARC en suelo Venezolano desde hace años es algo muy grave. Más aun que el mismo magistrado hable de una colaboración expresa del Gobierno de ese país. Pero lo que resulta sencillamente inconcebible, definitivo, es que el principal sospechoso de esa siniestra cooperación despache el asunto con cuatro soflamas trasnochadas sobre el colonialismo. Ni puñetera gracia presidente Chávez. No con 800 muertos compañero. Qué de decir de las FARC. Y eso también va por el Gobierno de Zapatero. Nada, absolutamente nada, debe impedir una respuesta enérgica de rechazo que, por cierto, aun no ha llegado. Ningún acuerdo comercial con cualquier empresa. Ninguna estrategia diplomática para cualquier región del mundo es más valiosa que la lucha más importante por la libertad que ha librado la sociedad española desde la muerte del dictador Franco. Se acabaron las medias tintas. ¿Qué hubiese pasado si Ayestarán, protegido durante años en Venezuela y detenido en Francia hace unos días con el objetivo de entrar a España para matar, hubiese conseguido su objetivo? ¿Seguiría el Ejecutivo con los comunicados conjuntos y limitándose a pedir una información que no va a llegar? Si uno pasea por el malecón de La Habana, a la altura de la oficina de intereses de EE.UU. se topará con una serie de carteles propagandísticos. Esos que de vez en cuando dicen verdades como puños. En uno de ellos, al menos no hace mucho, se podía leer: “todo aquel que de cobijo a un terrorista, se convierte en terrorista”.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio