ANÁLISIS
Todos iguales
Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura21-12-2009
En tiempos en los que sólo se habla del libro electrónico y de sus ventajas, mientras las grandes empresas productoras tratan de “endosarlo” estas navidades, son muchas las voces que se preguntan: ¿Será el principio del fin del papel? Siempre existe alguien que trata de acabar con los sistemas vigentes hasta hoy, en este caso el medio impreso. Cuando surgieron los medios digitales, se habló sin cesar de la “muerte” de los periódicos. Su venta ha bajado considerablemente, pero es momento de reinventarse, no de desaparecer. A las editoriales les ocurre lo mismo. O aceleran su forma de trabajar para vender sus libros en formato electrónico, o poco futuro les queda. O eso es lo que los expertos del e-book tratan de hacernos convencer para sucumbir a sus deseos consumistas. Menos tecnología y más calidad. La prueba está en la ristra de libros que las librerías y grandes centros comerciales promocionan. Son títulos que corresponden con los más vendidos. Curiosamente, pasa como con las películas más vistas. El crítico pocas veces coincide con el espectador. La semana pasada, la película más taquillera fue Spanish Movie. Todos los comentaristas coincidían en la más que dudosa calidad de la cinta. En el caso de los libros, en los primeros puestos se encuentran títulos cuyo argumento está muy visto: aventuras insípidas, amores frustrados y mucho, mucho vampiro. La literatura actual goza de mediocridad. Los escritores escriben para vender, no para lucir su calidad sobre el papel, para competir por quién sale antes en las estanterías más codiciadas de las librerías. Cierto es que hoy disponemos de avances que nos han hecho traspasar fronteras, como los traductores, pero falta quizás contenido más crítico, menos novelístico. ¿Dónde quedaron aquellas novelas costumbristas? Los libros de Cela, Delibes, Cortazar, Alberti o Unamuno han sido sustituidos por autores internacionales que sólo buscan que el lector se enganche al libro de principio a fin. Pocos merecen ya la pena en la lista de los libros más vendidos, pero la culpa no está tanto en la editorial o el autor como en el propio lector que, o tiene miedo de llegar a más o sólo necesita un libro intenso que le haga olvidar sus problemas sin reflexionar demasiado. Pero la inspiración catastrofista de la literatura es necesaria, al menos para no convertirnos en una unidad dentro de la sociedad.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press