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ANÁLISIS DE SOCIEDAD

Que no maten toros pero sí niños

Fotografía

Por Almudena HernándezTiempo de lectura2 min
Sociedad20-12-2009

Una mal entendida progresía lleva a la agenda política los debates más surrealistas, como que se prohíban las corridas de toros. Quienes lo poponen se amparan en un ecologismo sin fondo. Si se acaban las corridas, desaparece el toro de lidia y desaparecen las especies de todo un ecosistema. Pero también se apoyan en unos valores supuestamente éticos carentes de argumentos. Para empezar, está científicamente demostrado que los animales no sufren, en todo caso, sentirán dolor y, si no se demuestra lo contrario, parece que no tanto. Hay estudios universitarios, como los que capitanea el profesor Illera en la Universidad Complutense de Madrid, que demuestran que el toro bravo tiene unos umbrales de estrés y de dolor muy distintos al del resto de especies. O, sea, que tiene unos mecanismos que le defienden del dolor. A ello deberíamos añadir otros argumentos, sobre todo en los tiempos que corren, de carácter económico la Fiesta de los toros supone el 2 por ciento del Producto Interior Bruto de España. Pero además es todo un tesoro social y cultural. Pero el tiempo y los presuntos representantes de la ciudadanía y defensores del bien común ya lo dirán. Para empezar, ha comenzado el debate en el seno parlamentario catalán para prohibir las corridas, atención, y sólo las corridas. Para nada se pide acabar con los festejos populares en los que también se corren toros bravos (bous) y que se celebran en localidades catalanas con ayuntamientos gobernados por, casualmente, los grupos políticos que proponen la prohibición de las corridas. Pero el mal entendido progresismo va más allá. Defiende la libertad a ultranza queriendo prohibir más y más. Piden que se deje de celebrar ese arraigado espectáculo sangriento que inspiró a tantos grandes artistas. Exige quitar el carné de veterinario a aquel que diga que el toro no siente tanto dolor. Pero reclaman que un feto pueda acabar en una trituradora porque su madre no quiere continuar con el embarazo y que sea secreto el nombre de aquel profesional sanitario que practica un aborto. Pobres toros ¿no?

Fotografía de Almudena Hernández

Almudena Hernández

Doctora en Periodismo

Diez años en información social

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