ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Paz y guerra
Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional13-12-2009
Mucho se ha hablado de la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. La decisión no dejó indiferente a nadie y casi todo el mundo reconoció que era demasiado prematuro e incluso incongruente entregárselo al inquilino de la Casa Blanca. Prematuro porque no hace ni un año que Obama asumió el poder; incongruente porque, de momento, no ha hecho nada por la paz y, es más, acaba de aumentar las tropas en Afganistán. Quizá por eso, la actualidad internacional de la semana pasada se centró en la ceremonia de entrega del premio. Los responsables de la concesión, conscientes de la polémica generada, intentaron justificar el porqué de su decisión durante el acto, pero lo que realmente se esperaba era el discurso de Obama. El presidente estadounidense reconoció que posiblemente otros merecieran el premio más que él, aunque esbozó algunos de sus compromisos, como el cierre de la prisión de Guantánamo, el respeto a los Derechos Humanos y a las convenciones internacionales... Sin embargo, Barack Obama no fue hipócrita al recoger el galardón y se olvidó del discurso políticamente correcto –y muchas veces acomplejado– que tanto se lleva ahora. El mandatario estadounidense reconoció que los conflictos bélicos no van a ser erradicados y aseguró que en ocasiones la guerra es la única solución, especialmente, cuando las negociaciones con la parte contraria no fructifican. Sus palabras recordaron el dicho romano de “si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Es muy posible que las afirmaciones de Barack Obama hayan defraudado a muchos de sus seguidores (incluso a líderes internacionales) que le veían como el garante del cambio, del pacifismo y de la política del ji jí, ja já. El presidente estadounidense, sea del partido que sea, tiene una altísima responsabilidad, ha de servir a su pueblo, protegerlo de las muchas amenazas que recibe, y también mantener a Estados Unidos como primera potencia mundial. Aspectos, que algunos políticos y parte de la opinión pública mundial habían olvidado.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD