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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Zapatero, obligado a romper con Marruecos

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España07-12-2009

Cuando alguien decide emprender una huelga de hambre -a no ser que sea De Juana Chaos-, sabe que puede morir en su protesta. Y Aminatu Haidar parece que lo tiene claro: “Entre mis hijos y mi dignidad prefiero mi dignidad”. A la espera de conocer hasta donde puede llegar, de momento, la activista saharaui ya ha conseguido situar su legítima causa en el mapa de la opinión pública. Hasta la fecha, el debate de un Sahara libre en España no iba mucho más allá de esporádicas manifestaciones y las camisetas que, de cuando en cuando, lucen Willy Toledo, Javier Bardem y alguno otro. Pero además, a nivel interno, la huelga de hambre de Haidar confirma que los intentos del Gobierno socialista de tender puentes a la dictadura de Mohamed VI deben acabar de manera inmediata. Cuando Zapatero llegó a La Moncloa allá por el año 2004 decidió darle un giro de 180 grados a la política exterior de España. Lo primero fue romper de raíz con la tendencia claramente atlantista que había llevado a Aznar a apoyar la guerra de Iraq. En lugar de eso, los socialistas apostaron por retornar al proyecto europeo en el que el ex presidente nunca llegó a confiar del todo. Seguramente consciente de que en las cocinas de Bruselas la última palabra siempre la tiene el eje franco-alemán y el resto son meros invitados. Además, Zapatero consideró prioritario recuperar las buenas relaciones con los vecinos franceses y marroquíes. Sobre el papel, la estrategia de Zapatero era coherente. Tenía sentido. Entonces proclamó a los cuatro vientos su predilección por Jaques Chirac, primero, y luego por Segolene Royal en Francia. En Alemania hacía lo propio con Gerard Schröder. El tiempo ha demostrado que no tuvo buen ojo. Hoy sus apuestas engordan la lista de fracasos europeos frente a dirigentes de talla como Nicolas Sarkozy o Angela Merkel. Casi seis años después, la derecha política guía una Europa que no ha logrado frenar su decadencia –para muestra sus dos nuevos representantes a nivel mundial- y en la que España sigue jugando un papel más bien secundario. Y en cuanto a las relaciones de vecindad, poco más de lo mismo. Francia nunca dejará de ser Francia y eso siempre le impedirá tener a España como aliada preferencial para casi nada. Marruecos tampoco ha sabido, no ha querido aceptar la mano tendida de España. Más bien todo lo contrario. La postura de Marruecos –ahora el favorito de EE.UU en la Europa Occidental- ha seguido siendo la de la confrontación con Madrid. Desde asuntos históricos como la reivindicación de Ceuta y Melilla a conflictos inesperados como el de Aminatu Haidar. Siempre que puede, Rabat ahoga a España hasta límites inconcebibles. Pero lo más grave es que España siga aceptando este juego del que no saca nada más que un debilitamiento de su propia imagen. Zapatero debería explicar cuál es ese interés general al que apela para no dar un golpe en la mesa. De lo contrario debe romper de manera definitiva y empezar de verdad a establecer con el PP una política de Estado en materia internacional independientemente de quien gobierne. Esto no es más que saber de quién se puede fiar España y de quien no se debería habar fiado nunca.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio