ANÁLISIS DE ECONOMÍA
Un poco de acá y de allá
Por Gema Diego
2 min
Economía05-12-2009
Si el Gobierno hubiera salido, micrófono o grabadora en mano, a la calle para pedir ideas al azar que mejorasen la economía, el resultado del batiburrillo acumulado hubiera sido el anteproyecto de Ley de Economía Sostenible, que ya antes de tramitarse está provocando reacciones y polémicas en sectores muy diversos. El empleo juvenil, el impulso a los organismos reguladores y hasta el tan traído y llevado asunto del cierre administrativo de páginas web se entremezclan en un texto repleto de buenas voluntades que, efectivamente, requerirán una gran voluntad para ponerlas en práctica. Nada menos que 198 páginas articuladas en torno a ocho principios tiene el documento inicial. La verdad es que pocos se podrían negar a aceptar la bondad de estas directrices rectoras, y ojalá no se queden sólo en el papel, porque es muy necesario, para evitar que se reproduzca una crisis como la actual, mejorar los poderes de los organismos para la supervisión financiera. Que las entidades bancarias y las empresas hagan públicas sus políticas de remuneración y consensúen los salarios de sus altos directivos con las asambleas de accionistas es sólo la punta del iceberg de un sistema que debería funcionar desde la vigilancia eficaz de la administración. Ya este reto por sí solo merecería una amplísima ley que lo desarrollase, pero el cajón de ideas que quiere poner en marcha el Gobierno empieza, a partir de este punto, a derivar en decenas de ramificaciones que parecen imposibles de contar. Que si cuestiones de telecomunicaciones, de frecuencias de móviles y de protección de la propiedad en internet; que si ayudas e incentivos para constituir empresas; que si fomento del diálogo social… Hasta llegar al otro puntal de esta ley, otra cuestión que merecería un tratamiento aparte: la sostenibilidad ambiental. Resulta que el Gobierno se concede, a partir de la fecha de aprobación de la ley, un plazo de ¡tres meses! para elaborar una planificación de estrategia energética acorde con la sostenibilidad y el ahorro. ¡Solucionar en tres meses lo que el protocolo de Kyoto no ha conseguido en años! Desde luego que nos urge organizar nuestro consumo energético para no seguir despilfarrando irresponsablemente pero, de nuevo, como en el caso de la supervisión financiera, es un capítulo que no se merece ir mezclado en el un poco de aquí y otro poco de allá que es esta Ley de Economía Sostenible por la disparidad de esfuerzos que requiere. Mejor sería sentarse, despiezar este texto y desarrollar a fondo y con todas sus consecuencias cada actuación a arriesgarse a quedarse a medias por querer apostar de golpe por el todo.
