SIN CONCESIONES
El pirata Jack Sparrow
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión26-10-2009
El pirata más famoso que existía hasta ahora sobre la faz de la Tierra era el capitán Jack Sparrow. Sagaz a la vez que cobarde, tan astuto como despistadizo y con la lealtad de una lombriz. Así es el divertido personaje de ficción al que da vida Johnny Depp y que saltó a la fama gracias a la saga de películas Piratas del Caribe. Poco o nada tiene que ver su vida ambientada en los siglos XVII o XVIII con la de los piratas que en la actualidad abordan a los barcos que faenan en el mar de Somalia. De allí ha llegado otro pirata cuya notoriedad amenaza con superar la del mismísimo Jack Sparrow. Se trata de Abdiweli Abdullahi Sheikh, al que la prensa española ha bautizado como Abu Willy. Su última hazaña fue atacar el pesquero Alakrana y secuestrar a su treintena de tripulantes. Abu Willy fue capturado por las tropas españolas que patrullan la zona y enviado a Madrid por orden del juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Ahí cambió su vida. Ahí comenzó su calvario. La edad del pirata ha enfrentado a magistrados y fiscales hasta rozar el ridículo. Pero lo peor de todo es el modo en que se trata a una persona traída de muy lejos y a la que las autoridades españolas marean como a un preso de Guantánamo. Su vestimenta, con un mono blanco que le cubre de arriba a abajo, recuerda también a los prisioneros que George W. Bush mandó a la base cubana tras la guerra de Afganistán y que Barack Obama todavía mantiene allí sin saber demasiado bien cuándo ni cómo liberarlos. El pirata capturado en Somalia fue sacado de su país a la fuerza y trasladado a España sin estudiar primero el marco legal. La imagen internacional que está ofreciendo el país alcanza el bochorno y pone en duda el cumplimiento de los derechos fundamentales. Es un pirata, sí; es un secuestrador de pesqueros, sí; es un peligro para los numerosos buques que faenan en el océano Índico, sí. Es todo eso, pero sin sus compinches bucaneros y sin sus armas de asalto es un ser humano indefenso al que han extraditado sin permiso ni orden de las autoridades locales y al que pretenden encerrar de manera similar a un terrorista. Es un contrasentido que la misión de los militares desplegados en Somalia consista en negociar con los piratas y que la labor de los jueces en este país se convierta en una tortura para el reo. Es un contrasentido que los soldados permanezcan de brazos cruzados ante un grupo de mercenarios que asaltan nuestros buques y que cuando cogen a uno de ellos lo trasladen aquí por orden judicial en un limbo legal. Aunque quizá no sea tan extraño en este país de flamenco y pandereta. Al fin y al cabo, al que roba una gallina se le manda a prisión pero a un terrorista sanguinario como De Juana Chaos se le excarcela y se le facilita la fuga a Irlanda del Norte. Todo resulta tan surrealista como en las películas de Jack Sparrow, ese pirata chiflado con los ojos pintados que no conoce la amistad y al que sólo mueve su propio egocentrismo.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito