ANÁLISIS DE ECONOMÍA
La hora del recorte
Por Gema Diego
2 min
Economía24-10-2009
No han gustado mucho los Presupuestos Generales del Estado para 2010 que ha presentado el Gobierno y, aun así, el Ejecutivo ha recabado los apoyos suficientes en el Congreso para que sigan adelante en su tramitación y para salvar las enmiendas a la totalidad. Los hay que critican pero luego no rematan y actúan contradiciendo sus palabras, no se sabe bien por qué. Lo malo no es que estos presupuestos sean “mejorables”. Lo malo es que no hay guapo que dé un paso adelante para mejorarlos. ¿Es la solución convertirlos en “sociales” (IU) o reducir el gasto social (PP)? ¿Es la solución mirar las cuentas desde ópticas localistas como las de los partidos nacionalistas? Y lo grave es que, por mucha crítica que llueva, no habrá nadie capaz de plantarse y demostrar que se va por mal camino porque hete aquí que ha aparecido la fórmula del camino bueno. Quizás sea porque nadie la conoce y es mejor tirar la piedra y esconder la mano, apoyar sin que parezca que se apoya para salvar los muebles porque, si es cuestión de confesiones, tal vez habría que confesar que no se es capaz de tener ideas mejores. La situación presupuestaria crítica del Estado, a pesar de los planes tirita como el segundo Fondo de Inversión Local que ya ha anunciado Manuel Chaves -y que supone un respiro para muchos alcaldes y concejales que pueden, así, cumplir sus promesas electorales de inversiones-, va a poner en jaque a entidades locales y diputaciones. Algunas ya están alarmadas al ver cómo su única fuente de financiación -la participación en tributos del Estado- merma de tal manera que pone en peligro muchos de sus proyectos. No se sabe hasta dónde llegará el recorte, pero sí está claro que en provincias con predominio de pequeños municipios, con ayuntamientos con escasa capacidad recaudatoria, los pueblos temen quedarse huérfanos. Desde hace tiempo se alzan voces que urgen cuestionar el sistema de financiación local para que sea sostenible. Lo suyo sería que se ajustara al tipo de territorio. Hay lugares donde las diputaciones sobran; en otros, son altamente necesarias. Hay ayuntamientos que avanzan mejor solos, y otros que sin apoyo no podrían llegar a ninguna parte. Podría ser el momento de plantearse los cambios necesarios en este sistema; hasta de volverse a plantear las reglas del juego de la financiación autonómica. Aquí hay algo que no funciona: puede ser que no haya suficiente dinero; o puede ser que sí lo haya pero no esté donde debe porque se va diluyendo por el camino antes de llegar a su destino, perdiéndose en liviandades.
