Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ROJO SOBRE GRIS

Bella Flor

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
Opinión13-09-2009

Mi amiga entra en el Carmelo. No volveré a pasar noches en vela disfrutando de su conversación, no franqueará nunca más la puerta de mi casa, no bombardeará nunca más mi mail con sus ocurrentes arrebatos ni con sus mensajes bomba, no me berreará nunca más en sus días malos, ni me gritará “¡otra vez me has mangado el mechero!”. Ni nos iremos de cañas, ni nos engancharemos a series, ni viajaremos juntas, no verá a mis hijos crecer sino a través de la reja del convento. Pero no me importa, y estoy contenta. Misteriosa y verdaderamente contenta. Y, aunque tengo la explicación para tan extraña circunstancia, no la puedo demostrar. Yo misma me quedo perpleja. Quizás por eso has sido elegida, amiga. Porque no valen las palabras ni las explicaciones para lo que no tiene solución ni demostración. Es necesario querer saber, y quizás esta locura que se ha apoderado de ti sirva para que quienes tú más quieres y muchos otros a los que probablemente nunca conozcas tengamos la dicha de ser poseídos por el mismo que a ti te arrebata. No haré esfuerzos por intentar recordar lo que hemos vivido hasta ahora, ni miraré el pasado con nostalgia de ti porque te quiero, porque la vida sigue, y porque no existe el adiós ni con la muerte. Más que el pasado me importa lo que ha de venir. Por algo será que Dios quiso bendecirme con una memoria corta y una mirada larga, ansiosa sólo de todo lo que nos queda hasta la eternidad. Bella flor: Si Dios lo quiere para ti, lo quiere para mí. Ese “todos al Carmelo” con el que nos arengas es mucho más que un grito de guerra entre verdad y excusa para no tener que decir más: es una llamada auténtica que te sale desde dentro y que nos dice mucho más de lo que siquiera podemos atisbar. “Todos al Carmelo” es tu último rojo sobre gris para mí antes de cruzar el portón del convento, Dios quiera que para siempre. Y si no, volveremos a empezar desde cero… como siempre: como Dios quiera, bella flor, bella Paloma… de María, aprendiz de carmelita, de rostro escondido en Dios, de grano de incienso, aprendiz de nada, de pobre mujer que sólo quiere amar y dejarse amar por Dios.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo