ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Castigados a las diez en casa
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad13-09-2009
Ser padre es muy difícil pero que ser hijo también. Este mensaje forma parte de un reciente anuncio de televisión, y bien podría resumir la actualidad. La sociedad debería reflexionar, y en serio, sobre el tipo de valores que se han trasmitido –o han permitido que se transmitan– a los hijos. El mediático caso de Pozuelo ha reabierto muchos debates, a saber: sobre la legalidad del botellón, sobre las preferencias de los jóvenes para divertirse, sobre el uso de la violencia en los adolescentes, sobre el respeto a la autoridad, la responsabilidad de los padres… También en los últimos días se han conocido los datos del informe que la OCDE hace sobre la educación. Se maquille como se maquille, España suspende en muchas de las asignaturas que un país que presume de desarrollado y moderno debería aprobar con la gorra y eso que, para sorpresa de muchos, parece ser que los protagonistas de los disturbios de Pozuelo eran niños bien y empollones. De momento, el juez ha castigado a los detenidos con una decisión que antes deberían haber tomado los tutores de las criaturas: en los próximos tres meses no podrán salir de fiesta más allá de las diez de la noche. ¿Qué hacían los menores a las cuatro de la madrugada tirando botellas a la policía? Pero hay aún un dato más preocupante: los padres han recurrido la decisión del castigo, apoyando a sus inocentes herederos, alguno, por cierto, de tan alta alcurnia como de baja educación. Pero es precisamente en el aula –por aquello de no responsabilizar de todo a los padres–, donde los chicos pasan un tiempo importante con sus supuestos maestros. Allá la conciencia de cada cual, que de todo hay, como en cualquier parte. En ese aula esos chavales también se empapan de los valores que luego se difunden a través de los medios de comunicación o las nuevas tecnologías, un cóctel que, a la postre, ha acabado por explotar. Lo malo es que pocos que quieren dar por aludidos de que hay que limpiar algo más que el suelo de botellas rotas.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo