ANÁLISIS DE ECONOMÍA
Bolsas de plástico
Por Gema Diego
2 min
Economía06-09-2009
La noticia me ha golpeado en el centro de mi vena más perezosa y tacaña: un gran hipermercado ha iniciado una política de retirada de sus bolsas de plástico gratuitas para sustituirlas por alternativas más ecológicas… y más gravosas para el bolsillo del consumidor. Fécula de patata, rafia y carritos como el de mi madre (sí, ése que todos nos negamos a llevar por hortera, a riesgo incluso de cortarnos las manos por el peso de lo adquirido) son las opciones que pondrá a la venta el negocio a mayores de la compra. Sí, las venderá. Como si sus beneficios no fueran suficientes para regalar estos objetos a sus clientes, al menos a los más fieles. No critico que las bolsas de plástico se deban retirar por un argumento medioambiental, pero, por favor, no aprovechen para sacar más tajada torturando nuestra conciencia ecológica. Si me quitan esta provisión de bolsas: ¿qué utilizaré para tirar la basura, incluida la repartida en numerosos apartados para su recogida selectiva? ¿Tendré que comprar unas bolsas aún peores que las que ya no me entregan gratis en el súper porque son tan dañinas? Y, ya puestos, ¿en qué me van a volver los productos de la carnicería y la charcutería? ¿Dejarán de dispensar leche y vino en tetra-brick? ¿Y refrescos y cervezas en latas? ¿Qué hay de los envoltorios de yogures, pizzas, mantequilla…? ¿Y los congelados? Dirán que por algo hay que empezar, pero no estaría de más atacar antes a la industria de transformación para que cambiase sus métodos de embalaje –sí, aprovechando la crisis, incluso, y como medio para vencerla- antes de dar un puñetazo al consumidor en su comodidad y sus costumbres, y hasta su paciencia, obligándole a planificar las compras y a organizarse al milímetro para asegurar que uno es capaz de transportar hasta el hogar todo lo que quiere comprar. Ya conozco a alguno que ha dicho que no volverá a este hipermercado hasta que le regalen las bolsas. Yo, por mi parte, como apenas compro en él, la cuestión aún no me preocupa demasiado. Pero, por si acaso, iré buscando un carrito que no sea demasiado hortera y cuyo precio esté al alcance de mi pujanza económica. Por si las moscas.
