¿TÚ TAMBIÉN?
Vacaciones del Estado
Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión26-07-2009
El día que Nietzsche lloró podría ser una de esas novelas veraniegas para llevarse a la playa. Irwin D. Yalom relata unos días muy concretos en la tumultuosa biografía de Nietzsche: aquellos en que, tras ser abandonado por la bellísima Lou Andreas Salomé, sufre unas jaquecas terribles que le llevan a ser tratado por un médico de prestigio. Son los meses que preceden a la redacción de la primera parte de Así habló Zaratustra, la obra que dio fama y prestigio internacional al pensador alemán y en la que expone todas sus ideas fundamentales. La novela no aborda uno de esos temas típicos y triviales propios del verano, pero resulta especialmente indicada para estas fechas. Plantea las preguntas importantes de la vida y deja que el filósofo alemán las responda en diálogo con otros personajes de reconocido prestigio. Por ejemplo, al plantear el tema del “eterno retorno de lo idéntico” Nietzsche nos invita a tomarnos muy en serio cada una de nuestras acciones y decisiones, como si hubiéramos de repetirlas una y otra vez eternamente. Sin duda, un modo muy persuasivo de hacernos caer en la cuenta de que no podemos gastar nuestro tiempo en tonterías, de que debemos aprovechar cada minuto de nuestra vida para hacer de él un momento extraordinario. Quien quiera hacerse una idea de lo que puede esperar del libro puede ver la adaptación al cine realizada por Pinchas Perry que lleva el mismo título. Descubrirá a un Nietzsche bastante real, ni un ángel ni un demonio, aunque la película revisa sin duda el lado más amable de su pensamiento sin robarnos, eso sí, las consecuencias que tendría seguir al pie de la letra sus propuestas. En todo caso, el Nietzsche que nos revela ese libro se parece más al real que el que nos ha llegado manipulado y tergiversado por la cultura oficial. Se nos vendió, por ejemplo, que su obra sirvió de base para el nazismo y su idea de un estado alemán fuerte cuando, en realidad, si algo ponía de los nervios al filósofo alemán era la fuerza del estado moderno. Antes de Hitler y Stalin, y más de 100 años antes del estatalismo de Zapatero y de nuestros nacionalismos periféricos, Nietzsche escribía: “En otros lugares hay aún pueblos y rebaños, pero no en nuestros países, hermanos, donde lo que hay son Estados. ¿Qué es el Estado? Escuchadme, que voy a hablaros de algo que mata a los pueblos. Llaman Estado al más frío de todos los monstruos fríos, al que miente con toda frialdad cuando dice que él es el pueblo. […] hay hombres destructivos que ponen trampas para atrapar a la gente y las llaman Estado…” Querido lector, ahora que prontito empiezan las vacaciones, tal vez podamos descansar, entre otras cosas, de este frío monstruo que dice trabajar por nosotros y que sólo nos pone trampas. Quizá en familia -que es el mayor enemigo del Estado y por eso el Estado quiere destruirla-, quizá con algún libro que nos invite a pensar. El caso es que en estas vacaciones, además de descansar, podemos aprovechar para edificar ese lugar donde la vida se ensancha.