ANÁLISIS DE ECONOMÍA
El subsidio bendito/maldito
Por Gema Diego
2 min
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Antes de esta dichosa crisis, muchos jóvenes sin cargas veían como una bendición quedarse en el paro para cobrar una prestación. Esto permitía, después de haber trabajado durante algún tiempo, asegurarse unos ingresos fijos mientras se retomaban los estudios, se hacía un máster o se embarcaba uno en otro tipo de proyectos, como la preparación de una oposición. Generalmente, no saltaban las alarmas al acercarse la fecha en que la ayuda se acababa. Ahora la situación es mucho más fea. Percibir esta cuantía se ha tornado una maldición, sobre todo porque los planes de estudiar de nuevo u opositar se multiplican –y con ellos, la competencia para futuros puestos de trabajo-, y también porque cuando la ayuda y el periodo semi-sabático terminan no hay mucha esperanza de enrolarse de nuevo en un empleo. Y es que la tasa de parados jóvenes en España es nada menos que de un 33 por ciento. Si nos asusta ese acercamiento peligroso al 20 por ciento de la tasa de la población general, cuán dramática es la cifra en el caso de un colectivo que aún está buscando su lugar en el mundo. ¿Se llenarán academias, universidades, cursos de los servicios de empleo, de los ayuntamientos y cámaras de comercio, con la población incluida en estos porcentajes? ¿Cómo mantener la esperanza? Mientras, Gobierno, sindicatos y patronal siguen dándole vueltas –aunque sin mucho entusiasmo- a la mejora del subsidio por desempleo. En vez de tanta miga para hoy, para fomentar esa actitud de me formo por desesperación, bien harían en buscar la solución a la falta de pan de mañana con una verdadera reforma del tejido productivo, creando una red de empresas y negocios que no se tambaleen al primer soplo de la brisa de la crisis y que se distingan por su auténtica calidad.
