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Centinelas de la mañana

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión05-07-2009

El libro de Isaías recoge tantas profecías que muchas, aparentemente sencillas, pasan inadvertidas. Una de ellas es ésta: Me gritan desde Seir: ‘Centinela, ¿cuánto queda de la noche? Centinela, ¿cuánto queda de la noche?’ El centinela responde: ‘Viene la mañana, pero volverá la noche. Si queréis preguntar otra vez, volved y preguntad’. (Is, 21, 11-12). Supongo que un físico que dejara de ser humano no se sorprendería por esta afirmación. Lo que el centinela responde es una evidencia empírica contrastada. Pero lo curioso de esta profecía es su pretensión: no sólo dice contener la historia natural de los astros, sino la historia de los hombres concretos, la Historia de la comunidad humana y la Historia de la Salvación. Al repasar nuestra biografía, nuestra historia, la aventura de nuestra vida, vemos sin duda que hemos pasado por muchas noches oscuras y que hemos salido de ellas. También, a poco que reflexionemos, sabemos que volveremos a padecerlas. Lo que nos propone el centinela de la mañana es que, cuando las padezcamos de nuevo, no dejemos de preguntarle: “¿cuánto queda de la noche?” pues no es indiferente optar entre sobrevivir atenazado por la oscuridad que nos rodea y optar por gritarle con fuerza a quien ve ya la luz cuándo nos llegará ésta. El primero vive en la noche fría y desesperada; el segundo, al abrigo de la hoguera de la esperanza. Si leemos en nuestra vida esta historia casi cíclica, no nos costará encontrarla tampoco en los libros de Historia, que relatan el pisar de los hombres por este mundo. Pero Isaías anticipa también una tercera historia: la Historia de la Salvación de la humanidad. En esta historia el centinela de la mañana es el profeta, es quien anticipa una nueva y definitiva mañana que acabará para siempre con la oscuridad de la noche. Por eso un anciano Juan Pablo II, en el Jubileo del 2000, decía a los jóvenes congregados en Roma: “En vosotros veo a los centinelas de la mañana en este acontecer del tercer milenio. Hoy estáis reunidos aquí para afirmar que en el nuevo siglo no os prestaréis a ser instrumentos de violencia y destrucción; defenderéis la paz, incluso a costa de vuestra vida si fuera necesario. No os conformaréis con un mundo en el que otros seres humanos mueren de hambre, son analfabetos, están sin trabajo. Defenderéis la vida en cada momento de su desarrollo terreno; os esforzaréis con todas vuestras energías en hacer que esta tierra sea cada vez más habitable para todos”. ¡Qué verían los ojos del Papa para ver en los jóvenes a esos centinelas de la mañana! Vería en ellos el rostro de Aquel a quien el Papa entregó su vida. Un rostro que, al revelarse en el rostro de dos o más reunidos en su nombre, nos abriga y conforta en el fuego de la noche. Un rostro que nos anticipa aquí y ahora, sean tiempos de oscuridad o de luz, que una vida plena, alegre, hondamente humana, un rostro que nos insta no sólo a sobrevivir en este mundo, sino a hacerlo habitable, a convertirlo en ese hogar que todos anhelamos. Quizá muchos de esos jóvenes, centinelas de la mañana, recuerden al levantarse cada día que su defensa de la vida, que su lucha por hacer un mundo habitable ayuda a muchos hombres a gritar “¿cuánto queda de noche?” y a querer formar parte de esa definitiva mañana donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach