ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Mario ¬vs¬ confianza
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad17-05-2009
Hay que reconocerlo. No eran horas. El reloj estaba a punto de marcar la media noche de un domingo cualquiera de mayo. Ella se afanaba en terminar con las que eran a esas alturas mecánicas obligaciones periodísticas cuando apareció la noticia: él habia muerto. No se conocían, pero juntos habían compartido asuntos de los más íntimos, de esos que sólo hablan las personas que un buen día notan que alguien les comprende tanto que no les importa abrir su corazón en canal. Fue un amor sin compromiso, fugaz apasionamiento, pero de añejo poso. Ocurrió -¡quién sabe!- si bajo unos Andamios o "a la izquierda del roble..." Él siguió a lo suyo, rompiendo corazones, pero ella, quizás no. No es la única víctima de la hecatombe. Además del suyo así están ahora muchos corazones, con la víscera fresca, aireando pálpitos de enamoramientos y desengaños, de historias reales que parecen ficticias y viceversa, pálpitos de muertos resucitados por un verso y de versos resucitados por un fallecimiento. Mario, el poeta Benedetti, dijo adiós y ella se enteró por la prensa. Esta es la esquela, triste, somnolienta y simple, que escribió Almudena. A veces, algunas personas parecen equivocarse de momento para morirse. Ella ya tenía previsto hablar de otra cosa: la confianza. Anduvo buscando un tema todo el fin de semana, un hilo conductor a un discurso en el que pudiesen relacionarse otros hechos noticiosos propios de la charcutería que a veces es una sección de Sociedad: el aborto y sus políticas o las políticas que deberían interrumpirse, píldoras para enfermos del alma, enfermos por culpa de virus sin ánima, excusiones por el espacio y viajes en busca del cielo en la misma tierra prometida, origen de tantos pueblos nómadas sin hogar ni amigos y sin plata para una botella donde ahogar las penas. Él había muerto y ella ya no sabía si quería y debía hablar sobre la confianza o escribirle a él la última carta. Y entonces pensó: si Mario tuviera aún cinco minutos para la media noche de su último día, y sólo una palabra, haría un poema, aunque esa palabra fuese el vocablo "confianza". Ahí va el intento torpe: Esperanza firme, sin reloj, mucha ¿para siempre? Seguridad de sí mismo. Una apuesta y una oportunidad oportuna para ser. Ánimo, aliento, vigor para obrar pese a pecar de pensamiento -como cualquier trozo de carne-. Exceso de libertad. Libertinaje. Alas. Cadenas rotas. ¿Qué va ser si no es confiar? La confianza intentando hacer versos tras la gran marcha. Volverá. Quizás sea por primavera, como lo hace el verso con el poeta, las musas con el iluminado, el amor a cada puerta.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo