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¿TÚ TAMBIÉN?

Hasta la Macarena

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura3 min
Opinión29-03-2009

“Aprendí de viejos y verdaderos socialistas que la izquierda siempre está junto a la vida y los más débiles, y por eso estoy aquí”, dijo el socialista Joaquín Manuel Montero, desde la cabecera de la Manifestación a favor de la vida y en contra del actual proyecto de reforma del aborto. No tengo nada claro que la izquierda -la vieja y verdadera- siempre haya estado a favor de la vida, pero, al menos, sí se ha jactado siempre de estar con los más débiles. En todo caso, la defensa de la vida en todos sus estadios no es cosa de izquierdas o derechas, de conservadores o progresistas, de ateos o creyentes. Es, sencillamente, cuestión de humanidad. El termómetro que mide la grandeza de un pueblo siempre tiene que ver con su capacidad para asumir y proteger a los débiles y para redimir -reinsertar- a quienes hicieron mal y se han arrepentido. Tal vez, hace unos años, las personas sin formación Metafísica podían dudar de si ese puñado de células que llevan las madres en los primeros meses de gestación era o no vida humana. No es que eso fuera una excusa (precisamente porque hay dudas, no podemos actuar como si no las hubiera), pero lo cierto es que daba cierto juego a la argumentación abortista. Pero además de conocer mucho sobre el ADN, ya hemos descubierto el mapa del genoma humano, de forma que ningún científico duda de que, desde el momento de la concepción, nos encontramos con una vida humana nueva, diferenciada de la madre. Sabido esto, cuesta entender que alguien se empeñe en defender el aborto libre (sin causas justificadas, sin razón ninguna, como un derecho más) sea en la semana de gestación que sea. El único argumento serio posible es el de científicos como Peter Berger (el de los derechos de los Grandes Simios): decir que la libertad individual de algunas personas -las capaces- está por encima del derecho a la vida de otras -incapaces-, lo cual no parece que nos conduzca a un avance social, precisamente. Más bien recuerda a los periodos más oscuros de nuestra historia. Algunas cofradías han anunciado que se sumarán a la lucha por la vida y contra esta reforma, sea con la oración o con algún distintivo en las procesiones de Semana Santa. Parece lógico, si recordamos lo que todo cofrade jura ante Dios cuando ingresa en una cofradía. Otros han dicho que no conviene mezclar las tradiciones del pueblo con temas éticos o políticos. Pero si sacar a la Macarena a la calle no tiene que ver con la vida humana, mejor que la cambien por una escultura del Rey León o de Michael Jackson. No es que yo sea un ardiente defensor de la Macarena, pero si algo humano -que no divino- tiene que decirnos la Historia de las Marías que pasean por España es que cuando una mujer tiene un embarazo inesperado, aunque la vayan a repudiar en su mismo pueblo, merece la pena salvar al niño, porque puede cambiar la Historia de la Humanidad. Pero tampoco hoy una madre soltera tiene la presión moral de hace 50 o 2000 años, y si así fuera, razón de más para centrar el debate en una tarea que nuestro país tiene pendiente: cómo formar bien a las adolescentes para evitar embarazos inesperados, y cómo ayudar a las madres sin recursos a sacar adelante lo más precioso que pueden ofrecerle al mundo y a sí mismas, que es ese hijo que llevan dentro. Un pueblo donde la vida humana es puesta bajo sospecha, o condenada antes siquiera de ver la luz, es un pueblo que da mucho miedo. Un pueblo donde toda vida humana es siempre bienvenida es, sin duda, un lugar donde la vida se ensancha.

Fotografía de Álvaro Abellán

$red

Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach