ANÁLISIS DE CULTURA
Libros en blanco
Por Marta G. Bruno
2 min
Cultura22-03-2009
La lectura es como una conversación con los hombres ilustres de siglos pasados, decía Francis Bacon, pero también una forma de agilizar nuestra forma de hablar, de ser más precisos a la hora de escribir, de, en definitiva, desenvolvernos mejor en este mundo en el que vivimos. Pues bien, parece que esto a los españoles nos suena a chino. Vergüenza da saber que casi la mitad de los españoles apenas lee durante su vida. Decir casi la mitad es muy grave, pues demuestra que nuestros esfuerzos por inculcar la lectura han caído en saco roto. Con esto no quiero echar la culpa a ningún gobierno en especial. Ninguna ley ha conseguido que los niños echen un ojo a los libros con otra perspectiva, más relajada y ajena a las obligaciones del colegio. Debemos enseñarles que la lectura es sinónimo de hobby, de actividad relajante, que nos enriquecerá más que nada en un futuro. Y es durante la etapa de crecimiento donde más se absorbe el vocabulario, pero los libros son y serán el reflejo de la sabiduría de la que podemos aprender durante toda nuestra vida. Pero no, hoy preferimos las comunicaciones a través de las nuevas tecnologías. Internet ha colapsado todo nuestro tiempo, y nos entretenemos más en crear perfiles en redes sociales como Facebook, moda en la que han caído hasta los grandes de la literatura. Los resultados de las últimas estadísticas publicadas aseguran que quienes pueden enseñar mejor los buenos hábitos de la literatura son los padres. Si ellos leen, sus hijos tendrán más posibilidades de seguir sus costumbres. Una buena biblioteca en casa invita a la lectura y la curiosidad por descubrir que se esconde dentro de ese cúmulo de páginas. Con la lectura mejoramos nuestro lenguaje, pero poco podemos hacer si después de lo aprendido llega el Parlamento Europeo y nos enseña a hablar bien con su manual contra las tendencias sexistas, que apuesta por desterrar de nuestro vocabulario la palabra “hombre” por “las personas” o “la gente”; o “médicos”, por “personas que ejercen la Medicina”. Es más una burla a la tradición, a nuestro lenguaje, que no trata de discriminar ni a la mujer ni al hombre. Así rizamos el rizo y nos cargamos nuestras raíces culturales. Más importante será que la mujer reciba un salario digno y equiparable al del hombre en todos los puestos de trabajo antes de considerarla una “miembra” de algo.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press