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ANÁLISIS DE ESPAÑA

Montesquieu ha muerto

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura2 min
España08-02-2009

Lleva muchos años muerto. Concretamente desde 1755. Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu fue aquel cronista y pensador político francés que explicó al mundo ilustrado en qué consistía eso de la separación de poderes. Principio que ha sustentado y todavía sustenta -al menos esa es la idea- el Estado de Derecho. Y, sin embargo, hoy hay quienes se encargan de rematar al pensador galo una y otra vez. Sometiendo la Justicia a los tiempos o a unos intereses concretos. No está de más ir advirtiendo de que estas líneas no pretenden defender la presencia en unas elecciones democráticas de aquellos que no creen en la democracia. En este sistema no hay hueco, no debe haberlo, para aquellos que entienden el escaño como medio para lucrase económicamente con fines violentos en lugar emplearlo en mejorar la vida de los ciudadanos. En este caso, la trágica referencia a Montesquieu viene provocada por cómo la coyuntura puede llegar a condicionar, y de que manera, la forma de impedir el acceso de ETA a las instituciones. El Tribunal Supremo -presidido, por cierto, por un magistrado elegido personalmente por Zapatero- ha anulado las listas tanto de D3M como de Askatasuna por la razón que todo el mundo sabía: son parte de ETA como continuadoras de Batasuna en el frente institucional de la banda. D3M y Askatasuna son dos caras de la misma moneda. Una visible y otra oculta. Pero exactamente igual que lo eran Aukera Guztiak y PCTV o ASB y ANV por citar ejemplos no muy lejanos. La pregunta es ¿por qué PCTV y ANV sí acudieron a las elecciones con indicios tan similares de su carácter terrorista?. Entonces, la Fiscalía y el Gobierno -que, aunque no lo parezca, son cosas distintas- alegaron que no había pruebas suficientes. No obstante, para lograr ahora la anulación de Askatasuna han rebuscado hasta en la conversación de dos etarras que hablaban en la cárcel sobre la posible aparición de marcas electorales nuevas. Para eso no hace falta ser terrorista, ni siquiera adivino, ni estar en cárcel. Pero algunas de las vinculaciones presentadas contra D3M y Askatasuna demuestran que, cuando se quiere, se puede. Y que en su momento no se quiso. Eran los tiempos del proceso de paz. Antes de la muerte de Isaías Carrasco. Eran los días en los que ANV se ilegalizaría “cuando la jugada lo aconseje” (Bermejo dixit). En los que anular todas sus listas “sería como un Guantánamo electoral” y en las que había que “adaptar la Justicia a la situación política” (Conde-Pumpido dixit). Por fin, por primera vez, ninguna marca de ETA ensuciará las urnas en unas elecciones en el País Vasco. Pero este hecho no significa necesariamente un éxito de la democracia. Simplemente porque se ha logrado por los mismos motivos por lo que en el pasado se les permitió concurrir a los comicios. Por intereses que nada tienen que ver con la Ley. Esos intereses hacen que hoy no estén, pero que mañana puedan volver. Por eso, lo dicho, Montesquieu ha muerto. Otra vez.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio