ROJO SOBRE GRIS
Reivindico la compasión
Por Amalia Casado
2 min
Opinión25-01-2009
Acompañamos a dos amigos al Seminario de los Legionarios de Cristo en Salamanca y, mientras les esperábamos dando un paseo por el jardín, me acordé de que quería recoger algunas piñas para decorar mi casa la próxima Navidad. Había movimiento en la entrada porque estaban cavando dos grandes agujeros para plantar unos olivos que alguien ha regalado a la comunidad. Entonces nos vio. “¿Qué buscáis?”, preguntó. “Piñas para la Navidad de año que viene”, le respondimos. “Pues en la parte de atrás hay un cubo lleno. Podéis mirar allí”, nos indicó. Recogimos cinco piñas preciosas de un cubo gigante, y dijimos adiós. Por la ventanilla del coche lo vi de nuevo, con una impecable sonrisa y su alzacuellos, mientras dirigía la excavación con los pantalones llenos de barro divertido como un chaval. Cuatro días después volví al seminario a una tertulia. Vamos con frecuencia porque este centro de formación de futuros sacerdotes acaba de cumplir 50 años, y organizamos conferencias y tertulias con los seminaristas para celebrarlo. Mientras comíamos, se me acercó un hermano con una caja: “Esto es para usted”. Había un papel pegado en la tapa. En efecto, era para mí. Estaba sorprendida realmente, y entonces me di cuenta: era una caja llena de piñas. Eran unas veinte. Y, cada una, envuelta en papel de periódico. Esta misma semana me enteré de otra cosa. Una compañera de trabajo perdió hace unos meses a su hermano. Fue muy triste. Durísimo. Tenía una reunión con ella, y cuando distribuimos las tareas pendientes, se ofreció para una de ellas: “Yo puedo encargarme de hablar con el Padre F. Desde lo de mi hermano, viene todos los días a verme. Se lo comento”. Detalles en la tierra, tesoros en el cielo. Vivo rodeada de personas así, preocupadas por los demás en lo poco y en lo mucho, que nos contagian cada día lo que algunos llaman empatía, y que con más propiedad se llama COMPASIÓN. Reivindico la compasión, esa virtud que consiste en padecer contigo lo pequeño y lo grande, la alegría y la soledad, el sufrimiento por el hermano perdido o la infantil ilusión por unas piñas. Me pregunto con qué derecho me enfado por tonterías con ejemplos de vida como estos. Para los compasivos, rojo sobre gris.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo