ROJO SOBRE GRIS
Libros a cambio de copas
Por Amalia Casado
2 min
Opinión30-11-2008
Será una biblioteca y llevará su nombre. Donde se vendían copas se prestarán libros; donde se bailaba, se leerá. El silencio sustituirá a la música frenética y lo que fue lugar de evasión será semillero de Dios sabe qué grandes ideas y pensamientos. Es habitual que nos preguntemos en mi trabajo sobre las motivaciones de los jóvenes; qué les hace vibrar; qué les levanta del asiento y les saca de sus rutinas. Una amiga me llamó la atención sobre un hecho del que fue testigo la semana pasada. Mi amiga vive en una calle perpendicular a Pintor Rosales, en Madrid, donde días antes habían asesinado a Álvaro Ussía, de 17 años, a la puerta de una discoteca. Era viernes. “Amalia”, me dijo, “cuando salí de casa, la calle era una riada de gente, ¡de gente joven!”, afirmada sorprendida. Me pregunté entonces qué les movió a aquellos cerca de 2.000 participantes a dejar de salir con sus amigos como cada viernes para unirse a la concentración, cuando además era una vigilia de oración. Estaba encabezada por chicos y chicas que rezaban el rosario acompañados por un sacerdote. Seguramente no todos los participantes compartían la fe de quienes los convocaron que, por otra parte, no tuvieron reparo en compartirlo con naturalidad. Pero allí estaban. Se han cerrado varias discotecas y locales similares al Balcón de rosales en Madrid. Me he enterado de las situaciones denigrantes, sexistas y discriminatorias que se producen en las entradas de estos y otros garitos, donde las chicas entran gratis, si son rubias tienen copa de regalo y si llevan minifalda qué sabe cuántas cosas más. La arbitrariedad en el derecho de entrada se mezcla con el abuso de la fuerza de los hombres de seguridad que ni siquiera son profesionales. Se promocionan entre los varones haciendo gala del número de mujeres por hombre por metro cuadrado, y circulan las drogas de forma impune. La dramática muerte de Álvaro Ussía ha destapado uno de los muchos tipos de abuso al que la juventud está sometida, con el que se hace negocio al margen de toda moralidad. La reacción de sus compañeros y del colegio Monte Tabor, en el que estudiaba, y que pertenece a la congregación católica Shöenstat, ha sido un elocuente y ejemplar ejercicio de virtud y testimonio cristiano. Sin renunciar a la firme exigencia de responsabilidades, han demostrado que si en situaciones límite es cuando el hombre demuestra lo que lleva dentro, dentro puede haber perdón, verdadero compromiso con un mundo mejor y creatividad para demostrar que se puede justo cuando más difícil resulta. La reacción pudo haber sido violenta, rencorosa, destructiva. Pudo haber dejado tras de sí un cambo de batalla devastado. Pero ellos han sembrado lo contrario, y han demostrado que eso arrastra a miles de jóvenes. Rojo sobre gris al Colegio Monte Tabor, a la familia de Álvaro Ussía, a sus amigos: porque nos han dado libros a cambio de copas; perdón a cambio de ofensas; silencio a cambio de ruido; oración a cambio de palabras vacías; y sentido a las preguntas que parecen no tener respuesta.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo