ANÁLISIS DE ESPAÑA
Distinto conductor, misma carretera
Por Alejandro Requeijo
2 min
España30-11-2008
Las fuerzas internacionales acudieron a Afganistán y luego a Iraq en el marco de misiones, auspiciadas, impulsadas y conducidas por EE.UU. Concretamente, al volante iba un conductor poco responsable, desconocedor absoluto de los problemas de la carretera. Pese a ello, nunca dejó de pisar al máximo el acelerador sin importarle los riesgos y sus consecuencias. Todo en la forma en la que George Bush y su ínclita Administración han conducido ambas misiones, ha significado errores estratégicos que el tiempo ha demostrado que se pagan caros. Mientras, en las filas de atrás del vehículo viajaban también españoles, italianos, ingleses, alemanes, australianos… todos acudieron con más o menos entusiasmo. Expuestos a esa forma temeraria y prepotente de enfrentarse a la vida. Subidos todos en un barco que, con ese timonel, tenía todas las papeletas para naufragar. Es cierto que entre las misiones de Iraq y Afganistán hay diferencias. Al menos sobre el papel. En la primera, la ocupación fue unilateral. EE.UU. y sus aliados entraron por la fuerza en busca de objetivos que poco tenían que ver con la democracia mundial. Afganistán, en cambio, es una misión aceptada comúnmente como legítima. Contó con el apoyo de la ONU. Destinada a retirar del poder a un Gobierno talibán que, tras su participación en el 11-S, demostró ser una amenaza no sólo para occidente, sino para todo el mundo. Pero hasta ahí la teoría. En la práctica, tanto en Iraq como en Afganistán, quien tiene la última palabra es EE.UU. Y las dos misiones han fracasado. Lo que hay en liza en ambas regiones no es una lucha de fuerzas, sino una lucha de culturas. A un lado esa forma de entender la vida que dice que la individualidad de la persona y sus derechos están por encima de la tribu, de Dios y que tan sólo tiene que rendir cuentas ante la Ley, requisito común a todos sus conciudadanos. Al otro lado una visión de la existencia todavía teocentrista, donde la tribu se impone sobre la persona. Esto puede ser mejor o peor, pero sobre todo es distinto. Y las bombas nunca suelen ser nunca el mejor remedio para eliminar las diferencias. A lo largo de estos años la gestión aventurada de EE.UU, lejos de solucionar el problema, lo ha acrecentado en forma de más odio, caldo de cultivo para islamistas radicales, talibanes y terroristas de todo tipo que todos hemos pagado. Y en ese debate esta la situación cuando se habla de retirar o aumentar las tropas. El escenario internacional presenta ahora algunas novedades. Estados Unidos sigue mandando, pero su conductor –el de todos- ya no es el mismo. La cuestión de Afganistán será otro de los puntos vitales en los que se comprobará hasta donde llegan realmente los vientos de cambio predica Obama. Pero de momento, sus decisiones no invitan al optimismo. El presidente electo ya ha anunciado que mantendrá al secretario de Defensa de Bush, Robert Gates. ¿Change?.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio