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SIN CONCESIONES

Enseñar y educar

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura3 min
Opinión30-11-2008

Estoy harto de que los políticos intenten adoctrinarme, hastiado de que traten de convencerme con argumentos demagógicos para que, a su vez, yo convezca a mis lectores de sus éxitos o los fracasos del adversario. Ya está bien de que me traten como a una prolongación de sus gabinetes de prensa. El periodista no está para adoctrinar, sino para informar y formar al ciudadano. Fiel a esta función social, llevo diez años intentando aportar un rayo de luz a través del periodismo. Mas no siempre es posible. La propaganda, el ruido y la prisa suelen dificultar esta misión hasta el punto de casi abortarla. Casi siempre consigo más éxito en el tú a tú de la docencia que en la comunicación de masas de un teletipo, una página en el periódico o una entrevista en la radio. Estos días he vuelto a comprobarlo. Temporalmente, he cambiado las ruedas de prensa con Rajoy y Zapatero por mis clases en la universidad y un seminario sobre locución. Con ellos he alimentado la vocación docente que mi profesor Juan Encinas despertó en mí cuando aún corría por el patio del colegio. Más que profesor, fue un maestro y un ejemplo a seguir. Han pasado 15 años pero, cuando entro al aula, suelo sentarme sobre la mesa como él hacía mientras impartía sus clases de Literatura y Latín. De él aprendí que existe una gran diferencia entre enseñar y educar, entre transmitir y formar. El buen profesor no se limita a soltar de carrerilla sus conocimientos, del mismo modo que el buen estudiante no se conforma con memorizar como un loro la materia de examen. Educar es abrir los ojos al alumno ante el ansia del saber, es encaminarle hacia el sendero correcto para desarrollarse como persona y como profesional, es perfeccionar sus virtudes, es aportarle los instrumentos para corregir sus deficiencias y es motivarle a ser mejor. Eso es lo que aprendí de mi maestro Juan y lo que siempre trato de inculcar a mis alumnos en su primer año en la carrera de Periodismo. Eso es también lo que he intentado trasladar esta semana a diez profesionales hechos y derechos de Popular TV. No importa la edad ni el título educativo que uno tenga. La vida es un permanente aprendizaje, una carrera por ser mejor con los demás y con uno mismo. Parece que, en una clase, el profesor es el que enseña y el alumno el que aprende. Pero no es así. El buen profesor también aprende del alumno, de su ilusión y de su esfuerzo de superación. Así me ocurre al menos en mis clases de Redacción Periodística y así me ha vuelto a suceder gracias a compañeros de profesión como Jesús Luis, Laura, Kasandra, Nuria, Gema, Marieta, Betty, Pilar, Víctor y Ana. Ellos depositaron su confianza en los dos formadores encargados de mejorar su locución y nosotros dejamos que ellos nos deslumbraran con su calidad humana. Lo mejor del curso no fue lo que les enseñamos, sino lo que dejamos en sus corazones y ellos depositaron en los nuestros. Porque educar es mucho más que transmitir conocimientos. Sus besos, sus abrazos y sus caras de gratitud lo decían todo en la despedida. Los nuestros, también. Acudimos con la intención de enseñarles pero les dimos más que eso. Cuando esta semana vuelva a rodearme de políticos, más preocupados por su fachada que por sus cimientos interiores, echaré de menos a estos alumnos a los que conseguimos dejar huella y con los que he vuelto a aprender que el verdadero maestro es el que forma, no el que adoctrina; es el que se preocupa de la persona, no del expediente académico.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito