ANÁLISIS DE SOCIEDAD
De discípulos a maestros
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad12-10-2008
Para ser buen maestro, primero hay que saber ser buen discípulo. Es decir, empaparse de ese bien precioso que alguien, desde su maestría, dona; degustar algo de los méritos que han llevado al enseñante a desenvolverse bien en un determinado ámbito, ya sea la ciencia, la cultura, los mosquitos del campo, las letras, las personas o la vida misma; ser humilde y a la vez ansioso por saber más, por llegar a la verdad. Muchos niños encuentran una motivación diversa para acudir a la escuela. Sacar buenas notas, el recreo con los amigos o aprender un poco más de una determinada asignatura parecen haber dejado paso a la pérdida de tiempo suprema, a buscar en la escuela ese espacio para la marginación, la anulación y la violencia. Algunos raros pupilos se conforman con el disfrute que supone el olor del papel en la biblioteca; las clases de gimnasia al aire libre; conocer cosas nuevas para luego contarlas en casa; pasar al cole de los mayores o estrenar cuadernos. Algo es algo, visto como está el panorama. Los docentes se quejan cada vez más de la poca motivación que tienen los chavales en el aula y de lo complicado que es transmitir el conocimiento. Pero, lo que es peor, es que resulta una tarea compleja que ese conocimiento tome poso en los alumnos. En la era de las tecnologías multimedia, los estudios demuestran que pocos chavales encuentran un estímulo en que les toque escribir en la pizarra, hacer un trabajo en grupo o poder hacer los deberes con bolis de colores, pequeñas cosas que no hace demasiados años suponían un aliciente más en la escuela y que hoy ha dejado su sitio a un gran vacío: el de una generación de críos sin ganas por aprender, a la deriva de un sistema educativo que no parece ser para ellos. Algo está fallando, resulta evidente, pues en esa generación hay, sin embargo, muchos valores explotables para la prosperidad de la sociedad del mañana. No todo en la escuela es violencia, irresponsabilidad, falta de respeto y dejadez. Los alumnos de hoy en día quizás sean los más solidarios de la historia, los que más rápido aprenden, los que se saben manejar en las más diversas situaciones y los que maduran más rápidamente. Pero ¿por qué hay un empeño en convertirlos en maestros sin que antes hayan sido discípulos?
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo