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ANÁLISIS DE DEPORTES

Un espectáculo con la sombra de la incertidumbre

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes05-10-2008

La liga ACB echa a andar con un modelo consolidado en la teoría. La práctica, sin embargo, se empeña en mostrar dificultades de peso, no sólo por conseguir audiencias -como negocio que se plantea-, sino por los nichos que se reservan para sí la Federación Española (FEB), con la selección como exponente, y la Euroliga, comandada por otro español, Jordi Bertomeu. Por lo que a lo de casa se refiere, la reducción del número de clubes viene siendo un objetivo de la Asociación de Clubes (ACB). Sin embargo, conseguirlo por medio del descenso del Girona a la liga LEB bronce -la cuarta división nacional-, al no poder avalar el presupuesto mínimo exigido, implica riesgos, ya que otro histórico, como el Manresa, también atraviesa dificultades. Con todo, salvo a estas ciudades -el baloncesto no deja de ser un fenómeno local-, el resto de clubes permanece ajeno a esta crisis. Por ello, ciertamente, se plantean nuevos retos deportivos: el retorno de Juan Carlos Navarro y la transformación del Barcelona, con la dirección deportiva de Chichi Creus; la aventura de Aíto García Reneses en Málaga y la renovación de muchas plantillas, que ha dejado sin trabajo a veteranos como Óscar Yebra, Kornel David, Mindaugas Timinskas, Andrew Betts, Vasco Evtimov..., síntomas -en otra escala- de que la actividad no decae. Pero el horizonte no es estable, ni mucho menos. Hay nubarrones, y pese a que cinco equipos españoles jugarán esta temporada la Euroliga, la incertidumbre viene -precisamente- por el debate sobre el futuro de la propia competición europea, que empieza a enfrentar a clubes y a la organización gestionada por Bertomeu, que fue la mano derecha de Eduardo Portela en la ACB. La influencia del modelo NBA ha llevado a Bertomeu a replantearse la Euroleague como un campeonato cerrado, que en el futuro podría, incluso, ser incompatible con las competiciones nacionales. Esto ha llevado a una profunda división en el seno de los clubes y con las asociaciones nacionales. La Federación Internacional (FIBA) y la FEB, por cierto, quedan al margen. Así, frente a una corriente que demanda apertura -como en la Liga de Campeones de fútbol- para clasificarse según los resultados en las ligas nacionales, se pretende dar una estabilidad por medio de trienios o períodos garantizados a medio plazo a determinados clubes, con vistas a un modelo cerrado o cuasi cerrado. En realidad, ese modelo ya existe en la ACB, con sólo dos plazas de descenso para dar estabilidad y avenirse al convenio con la FEB y sus competiciones. El debate está servido y las consecuencias son por ahora imprevisibles, especialmente si equipos españoles -como se rumorea- estuviesen dispuestos a renunciar a disputar la ACB por la Euroliga, ya que se trata de un proyecto de negocio que se pretende más rentable, tanto para la propia organización como por el retorno que los propios clubes recibirían. De este modo, con ingresos garantizados, la diferencia entre los clubes más poderosos y el resto -los ACB ajenos a la Euroliga-, una cuestión que pone en alerta la asociación de jugadores (ABP). Se trata, en fin, de una dificultad añadida para un deporte que vive en una constante búsqueda del futuro, pero que en esa búsqueda no deja de desconcertar a los aficionados, que pierden las referencias más allá de los partidos que su equipo juegue. Se trata, sin embargo, de un contexto que no admite otra solución que la adaptación para mantenerse, es decir, el renovarse o morir. Con una complejidad tal en tres frentes, la única solución es llegar a una entente cordiale para compatibilizar en lo posible el calendario y minimizar los riesgos, como sucede con la NBA y los torneos de selecciones, de que los jugadores compaginen varias competiciones.

Fotografía de Roberto J. Madrigal