ANÁLISIS DE ESPAÑA
El día que se acabe ETA
Por Alejandro Requeijo
3 min
España28-09-2008
El día que se acabe ETA. Llegará. Seguro. Ese día habrá muchos que dejarán de mirar los bajos del coche antes de irse a trabajar. Dejarán de sentarse siempre de cara a la entrada en los restaurantes. Muchos escoltas perderán sus trabajos. Pero no por mucho tiempo. Siempre habrá cobardes y, en contra, valientes que no se resignan a esconderse. Ni a callarse. El día que se acabe ETA, habrá muchos que dejarán de mirar a sus espaldas. Se acabará ese eterno “por si acaso”. Muchas familias emitirán un suspiro de alivio. Una sonrisa quizá serena. Sin aspavientos. Su ejemplo ha sido siempre el de la serenidad y la dignidad. Como ellos, habrá muchos que experimentarán una sensación de descanso. Será como una victoria que ha tardado demasiado en llegar como para celebrarla por todo lo alto. Porque ese día recordarán a su padre, a su hermano, a su hijo o su esposa y la reflexión será inevitable: si este día hubiese llegado unos años antes, él todavía estaría aquí. El día que se acabe ETA, los políticos de uno y otro bando dejarán de humillarse a si mismos lanzándose los muertos a la cara. Ya nadie tendrá que exiliarse fuera de su tierra, víctima del pensamiento único. En definitiva, se acabarán las lágrimas. Pero que nadie se engañe. Ese día no llegará solo porque cesen las bombas y las pistolas. ETA y su mundo son mucho más que eso. Sus tentáculos se extienden por sus bares, sus barrios afines, sus comercios, sus pancartas. Sus manifestaciones, sus pintadas, sus conversaciones en la mesa del comedor. Sus portavoces políticos, sus miradas de recelo en la plaza del pueblo, su acoso silencioso. El gesto desafiante del asesino a su víctima, sin que ésta se sienta protegida ni por sus gobernantes directos. Más preocupados por esa terrible ambigüedad que da votos de cobardía. Será cuando todo esto termine cuando de verdad se podrá decir que la sociedad vasca ha alcanzado la madurez suficiente para superar el terrorismo y reducir sus tentáculos a la mínima expresión. A parias. Y ese día cada vez está más cerca. Porque no llegará con negociaciones sino con detenciones. Sin habilitar parte de sus listas sino ilegalizándoles de pleno. O lo que es lo mismo, cortándoles el grifo. Para que no tengan con qué pagar al pistolero. Ni el suelo del dirigente que se gana la vida contando mentiras y haciendo del victimismo su negocio. Para que el niñato no pueda subvencionarse el kalimotxo del fin de semana previo pago de la herriko de turno para que queme un contenedor. Acosando sin descanso por todos los frentes posibles a un lado y otro de los Pirineos. Presentando por cuarta vez -y Dios quiera que última- a un candidato a lehendakari cuyo partido ya no sabe como quitárselo de en medio. Mandándolo a la quema después de cuatro años de esquizofrenia. La última versión de un suicidio político que el PNV, con su eterna ambigüedad, no ha sido capaz de remediar. En definitiva ese día llegará cuando se evite que nadie siga agitando el árbol. Los malos están nerviosos. Se les acaban las nueces.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio