ANÁLISIS DE DEPORTES
Hay ¬glamour¬, pero menos
Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes25-05-2008
Mónaco es lo que era, un oasis para que la Fórmula 1 mostrase sin tapujos su lado más desvergonzado -para otros, el más paradisiaco y envidiado-, pero incluso los lujos y extravagancias están algo más comedidos -muy poco, eso sí- que otras temporadas. El fantasma de la crisis deportiva, con la desaparición de Super Aguri y pocos coches en la parrilla de salida, es más palpable que el de la crisis económica. Se trata en todo caso de un motivo más para reflexionar cuál es el futuro del circo, que durante décadas se ha mantenido con locos dedicados a construir equipos -Jack Brabham, Frank Williams, que en Mónaco ha cumplido 600 Grandes Premios, nada menos, Bruce McLaren y tantos otros- y el apoyo de motoristas, como Cosworth y otras marcas. Sin embargo, el ciclo cambió: los fabricantes compraron los equipos, hicieron inversiones fortísimas con el objetivo de conseguir victorias... pero sólo puede ganar uno. La falta de retorno y de publicidad -los bólidos van cada vez más pelados, y ni siquiera Red Bull ha lucido esta vez los colores de alguna película- es una evidencia, la intención de limitar presupuestos es un cuento chino, porque no restringe las áreas de mayor gasto -sueldo de los directivos, marketing y motores- y la prohibición de vender chasis y propulsores a equipos cliente espanta a los pocos que tienen interés en invertir en la F-1, que no hacen sino tantear, vista la experiencia de los Super Aguri o Prodrive de turno. El futuro es más incierto de lo que parece, porque el parche de llevar la competición a países emergentes no está atrayendo tantos patrocinios como parecía posible, y los cambios de turno en el reglamento, cada año, dificultan la estabilidad del negocio que capitanea Bernie Ecclestone. En el baloncesto... tres cuartos de lo mismo. El debate sobre el modelo de competición es constante, y la experiencia demuestra que cualquier sistema es imperfecto. La vuelta del playoff a eliminatorias de tres partidos como máximo, en lugar de cinco, facilita las sorpresas -como el fiasco del Real Madrid, que esta temporada ha fallado en los momentos decisivos, cuando se jugaba los títulos, y al que no le valdrá con unos simples retoques en la plantilla- pero desvirtúa la fase regular de la competición: ¿en qué queda el trabajo de muchos meses y el esfuerzo de 34 partidos? Al contrario que en la NBA, no hay premios menores como campeón de división, o de conferencia -y por el mismo modelo de competición, tampoco podría haberlos-, así que el embudo no tiene sino una solución, la menos mala.
