ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Niños sin nombre y sin palabra
Por Almudena Hernández
1 min
Sociedad06-04-2008
Parece que sobran las palabras que fijó la ONU en el preámbulo de la tan traída y llevada Declaración de los derechos del niño cuando dice que los menores necesitan un cuidado especial. Parece que sobran, a la luz de cualquier cabeza capaz de razonar, al calor de cualquier corazón que albergue un poco de bondad. Pero vistas algunas de las escalofriantes noticias que vienen salpicando la actualidad parece que aquella declaración de las Naciones Unidas queda, como muchas otras, en papel mojado. Inundado, en demasiadas ocasiones, por lágrimas desconsoladas. Parece que para los niños no hay opción a la indefensión y a la desprotección, que no son depositarios de voto, que no tienen voz -pero sí, y en gran cantidad, llanto-. Parece que los niños son un objeto y no una esperanza. A veces los niños -pongamos algunos ejemplos de los niños que sufren-, con un poco de suerte, tienen nombre. El de Mari Luz quizás cambie la manera de hacer las cosas para aplicar la justicia en casos de pederastia. Ójala que al menos sirva para eso su muerte. Pero otros críos no tuvieron si quiera la posibilidad de ser denominados. Algunos lingüistas afirman que lo que no se nombra no existe. Muchos niños no tienen nombre porque otros no quieren que existan. Como ese pequeño que se quedó sin posibilidades de sobrevivir y cuyo cadáver fue guardado en el cajón del armario. Como esos otros que en lo que va de año han sido abandonados por las calles españolas. Eran niños sin nombre: y un nombre que no se pone resulta ser, ante cualquier evidencia, una palabra sin voz, sin voto, sin derechos, sin esperanza, sin justicia...
Seguir a @AlmudenaHPerez

Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo