ANÁLISIS DE ESPAÑA
Sobre todo que no llueva
Por Alejandro Requeijo
3 min
España02-03-2008
En la época de estudiante, generalmente minutos antes de un examen, uno suele oír dos frases por encima de cualquier otra. Provienen de los siempre solidarios compañeros y son, por un lado el alea jacta est (la suerte está echada), y la otra “que Dios reparta suerte, porque si reparte justicia...” Son momentos de tensión y se pronuncian entre risas nerviosas al tiempo que uno apunta sus últimas anotaciones a lápiz sobre la mesa -por si acaso- o comprueba que todas la chuletas están en su sitio. Es decir, en un escondite cómodo y fácil para sacar y esconder con la rapidez y destreza propia del mismísimo Juan Tamariz. En unas elecciones no hay ni chuletas, ni anotaciones, ni trampa ni cartón. Lo que tenga que ser será y además será justo, que de eso va la democracia. Pero lo que si que hay en una contienda de este tipo son muchos nervios, pocas risas y frases de última hora. Tras cuatro años de política encarnizada, de acusaciones salidas directamente de las entrañas, después de una legislatura marcada más que nunca por la campaña continua, con dos debates televisados, millones de euros invertidos en este negocio de hacer política… ahora Zapatero empeña los últimos golpes de riñón antes de llegar a meta en transmitir un mensaje claro: evitar a toda costa una alta abstención. La historia ha enseñado a los socialistas que la baja participación nunca es buena para el voto de izquierdas frente al voto del PP, fielmente movilizado aunque su líder sea un chimpancé. Y para ese fin todo vale, desde campañas televisadas tan acertadas como la del joven socialista que recorre 300 kilómetros para que su madre vote… al PP, hasta endurecer al máximo el discurso de que viene el lobo… el PP. Pero hay un factor que nadie ha tenido en cuenta hasta ahora y que podría ser más determinante de lo que parece: el factor tiempo. Los precedentes demuestran que en esta democracia joven como la española el clima puede condicionar -y de que manera- una jornada electoral. El ejemplo más cercano está en el referéndum de aprobación del Estatuto Catalán. Después de marcar la agenda política durante dos años, después de oír en cientos de ocasiones declaraciones como “lo el pueblo catalán quiere…”, “lo que el pueblo catalán merece…., “lo que el pueblo catalán necesita…”, o “lo que pueblo catalán exige…”, al final el pueblo catalán, el día de corroborar con hechos lo que sus políticos se habían cansado de pregonar con palabras, se fue a la playa y la consulta rozó el 50 por ciento de abstención. Fue un primero de noviembre que amaneció con un sol de agosto y que provocó un bochorno. Esta es una prueba de que el tiempo puede influir y mucho. Por ello ¿qué pasa si el 9-M amanece con un sol de escándalo?. O peor aun, ¿qué pasa si la jornada se despierta con lluvia?. ¿Y si llueve a cántaros?. Pero aun hay más ¿y si, en lugar de llover en todo el territorio, llueve en regiones que van a ser claves como Cataluña –otra vez- y Andalucía?. Ciertamente, no sería exagerado pensar que habría mucha gente que se quedaría en casa a verlo por la tele. Por eso, alguien debería aconsejar a Zapatero que, además de estrategias, al menos una vez cada cuatro años aparcase su laicismo y acudiese a la fuerza divina para pedir que el día de las elecciones no llueva. Que tampoco se pase y haga mucho sol, no vaya a ser. En fin, de hacerlo, quizá la plegaria más acertada seria entonces aquella de “que Dios reparta suerte, porque si reparte justicia…” Lo dicho, que sea lo que Dios quiera.
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Alejandro Requeijo
Licenciado en Periodismo
Escribo en LaSemana.es desde 2003
Redactor de El Español
Especialista en Seguridad y Terrorismo
He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio