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ANÁLISIS DE DEPORTES

La transición inacabable

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura4 min
Deportes02-03-2008

Tal y como está planteado actualmente, el ciclismo no es un espectáculo. Entre otras cosas, porque se ha olvidado de un elemento imprescindible: el público. Los aficionados, incluso los más fieles, están hartos de todos los escándalos, cruces de acusaciones, purgas y vetos que copan la información y han fagocitado todo aquello relacionado con la competición y los logros de los corredores. No sólo no hay un criterio de actuación -que pudiera ser más o menos acertado-, sino que cada quién -UCI y ASO, principalmente- barre para su beneficio y no hace nada para solucionarlo. Antes bien, la criminalización de la sospecha y la represalia son moneda corriente. En estos tiempos convulsos es cuando se echa en falta a figuras que, como hizo el recién fallecido Enrique Franco, reúnan capacidad, iniciativa y respeto. Tuve ocasión de entrevistarlo en 2001, unos años antes de que la enfermedad le hiciera ceder el testigo al actuar director general de la Vuelta a España, Víctor Cordero. Aunque los mejores años de la competición -aquellos 80 plenos de ganadores de renombre- ya habían pasado, en parte por el cambio de fechas de la Vuelta, el espectáculo de las etapas cortas, nerviosas, y los triunfos reñidos, como el de ese año -Ángel Casero le arrebató el jersey oro a Óscar Sevilla en la última etapa- hacían mantener el interés, pese a algunos escándalos de dopaje. Pero llegó la Operación Puerto y puso en solfa el negocio, y en ésas estamos. Sin embargo, los tribunales han sido claros al respecto: no había una ley que regulara las sanciones y ésta no se puede aplicar con efecto retroactivo, precisamente para garantizar los derechos de los acusados. De tal modo, la argumentación es sencilla: las bolsas de sangre incautadas por la Guardia Civil son una prueba sin más valor, para la UCI, que señalar a los corredores. Cualquier sanción estaría fuera de lugar, pero sí se podría someter a una estrechísima vigilancia a aquellos ciclistas -aunque también había atletas de otros deportes, no hay que olvidarlo- que estuviesen implicados en la red. Con eso y con todo, creo que la labor de la Justicia ha sido correcta, basándose en la legislación existente. Sería deseable una solución más a fondo, sí, pero lo primordial es el respeto a la ley, que todos se están saltando. Además, tal y como está la guerra declarada entre ASO y la UCI, una sanción no cerraría definitivamente el asunto, sino que la caza de brujas seguiría abierta. Porque a fin de cuentas, el conflicto de fondo es otro: la apertura a nuevos países que pretende la UCI -en parte una buena idea porque el ciclismo es de todos, pero en parte también para debilitar a los organizadores de las pruebas tradicionales- y la defensa a ultranza de sus privilegios de las empresas que están por detrás de las grandes vueltas. El conflicto, aunque con muchos matices, tiene similitudes con el que dirimieron la Unión de Ligas Europeas (ULEB) y la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA), que dio pie a la Euroliga y la Copa ULEB. Aquí, sin embargo, no hay clubes sino equipos, y las ligas serían las grandes vueltas, que miran por su interés y no por el de quienes compiten en ellas. El resumen burdo sirve para darse cuenta, grosso modo, de lo kafkiano de la situación y de que es una situación enquistada. Sin embargo, por esa división entre equipos y organizadores, no se da el paso de crear una competición -un circuito- alternativo, paralelo al que propone la UCI. Realmente, con un buen plan de marketing para que no colisionaran -otro imposible-, podrían llegar a convivir. Pero esa convicencia es imposible con los parámetros actuales. Tal y como están las cosas, el ciclismo profesional es un deporte gravemente enfermo, que no morirá, porque hay fuerzas que lo impiden -el deporte de aficionados, el interés por la épica y la capacidad de sufrimiento... por poner dos ejemplos-. Pero cuanto más lejos estén las instituciones del público, que está harto de tanto politiqueo, y más tiempo se mantenga la situación, más difícil será conseguir que el ciclismo vuelva a ser lo que era. Si es que, cuando los chistes en la calle dicen que “estás más dopado que un ciclista” y el cáncer está enraizado en la sociedad, aún es posible volver a ese ciclismo. Sinceramente, hay motivos para pensar que la pasada ha sido una época que no volverá a existir. Sin embargo, el ciclismo sigue sin reinventarse.

Fotografía de Roberto J. Madrigal