SER UNIVERSITARIO
La ‘verdad’ del 11-M
Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión04-11-2007
“Hoy ha sido fijada la verdad de los hechos”, ha dicho el presidente del Gobierno al comentar la sentencia del 11-M. No parece probable que tengamos que explicarle a Zapatero -no hay que explicárselo a los alumnos de primaria- que una cosa es la verdad de los hechos y otra cosa la verdad judicial. Pero sí que habrá que explicarle que los ciudadanos no somos imbéciles y que no puede tratarnos así. Más bien, su insistir -con todo el Gobierno y el PSOE- en que no hay más verdad que la judicial nos invita a sospechar que no les interesa que sepamos nada más allá de la sentencia. Sin embargo, hay mucho más allá de la “verdad judicial”. Primero, por las propias limitaciones de un sumario, en el que el juez no puede entrar a valorar ni cómo ha sido llevada la instrucción ni ningún dato, realidad o evidencia que no figure en el sumario. Así, hechos probados y documentados, muchas veces, no pueden usarse en el juicio por no ajustarse al procedimiento oportuno. Segundo, porque la prudencia en el análisis exige que no se dé por probado nada de lo que no existan pruebas materiales definitivas de las que se pueda inducir la culpabilidad, lo que impide, no en pocas ocasiones, condenar a quien se sabe culpable por deducción, es decir, por pura lógica y sentido común. Tercero, porque la “verdad judicial” entra a juzgar sólo una serie de variables penales y no puede probar -ni negar- todo lo que escapa a esas variables. Así, en el juicio del 11-M hay quien ha criticado, no sin razón, sospechosas chapuzas en el análisis de las pruebas, lo lamentable e improcedente de la destrucción de los restos de los trenes, los agujeros en la instrucción del sumario, las contradicciones en la cadena de información los días posteriores al sumario, etc. También hay quien llama la atención sobre la cantidad de confidentes de la policía imputados y condenados en el caso y quien aún sospecha sobre la “casualidad” de que pocas semanas antes del atentado se detuviera a una furgoneta de ETA que tenía la intención de cometer un atentado de similares características. Por no hablar de los autores intelectuales de la masacre, de la coincidencia con unas elecciones generales, etc. Todas estas preguntas, dignas de análisis y cuyas respuestas podrían arrojar mucha luz sobre “la verdad de los hechos”, nos las podía esclarecer “la verdad judicial”, por puras limitaciones formales. Pero no sólo hay más verdad que la judicial, por más que nos intente engañar Zapatero, sino que hay verdades más importantes y auténticas que la judicial. Por ejemplo “la verdad de los hechos”. Repasen cómo lo vivimos y lo que opinamos en caliente. De los trágicos hechos que acabaron con la vida de casi 200 personas en el mayor atentado que ha vivido nuestro país. Unos hechos que tuvieron un “padre intelectual” que a Zapatero ya no le interesa descubrir y que tenían también una intención que Zapatero se ha encargado de cumplir: dividir y debilitar al pueblo español para que su voto electoral fuera el del miedo y la división, frente al de la unidad y firmeza ante el terror. Más allá de la sentencia, que no ha contentado ni a víctimas ni a quienes queremos saber la verdad, conviene acudir a los hechos. Y los hechos nos revelan que quien planificó el asesinato de casi 200 personas sigue libre, que el asesino cumplió su objetivo de dividirnos y que a Zapatero todos estos hechos ya parecen no importarle.