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SIN ESPINAS

Los otros atentados

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura4 min
Opinión04-11-2007

Cuando se cometió el atentado del 11-M empezó a gestarse otro atentado... contra la verdad. Esté último ha tenido su desarrollo durante casi cuatro años. La mentira sólo crea división y confusión, y a pesar de que el miércoles pasado se leyó una sentencia, la mayoría de los españoles con criterio hemos tenido que suspender nuestro juicio. En nuestro fuero interno hemos experimentado un mareo por la saturación informativa sufrida, pero en lo más hondo de nuestro ser nos indignan los hechos que hemos podido constatar por nuestra propia experiencia. Que nos hemos quedado sin saber quién dio la orden para que España sufriera este atentado. Que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado dejan mucho que desear en su organización, en su fidelidad a la patria y a la seguridad nacional, empezando por el que era entonces secretario de Estado para la Seguridad, Ignacio Astarloa, que tuvo la cara de reírse en la comisión del 11-M mientras decía que aquello que él controlaba y dirigía estaba hecho un auténtico desastre. Los políticos nos han ofrecido un espectáculo lamentable. Empezando por la desastrosa gestión comunicativa del Gobierno de Aznar, comandada por Eduardo Zaplana, quien no ha pagado todavía las consecuencias políticas de aquel fiasco que hundió a su partido. Siguiendo por Acebes, que perdió los nervios y se dejó presionar por el primero. En segundo lugar, el Partido Socialista, que violó la jornada de reflexión cuando los cadáveres estaban todavía calientes y sus familiares identificando sus pedazos. Lo hizo a través de Maquiavelo, encarnado en Rubalcaba que, al más puro estilo gebeliano encendió a las masas con un discurso premeditado, con alevosía y nocturnidad. Le siguió una comisión de investigación vergonzosa, preparada por Zaplana y Rubalcaba - que curioso, quien tiene que ser investigado es el que decide como tiene que hacerse la investigación-. Una comisión que no sirvió más que para conocer que los políticos nos toman por el pito del sereno. Los medios de comunicación han estado en su línea y a la altura de los políticos. El Grupo Prisa fue el cómplice de los socialistas en la erosión estratégica de las 72 horas que precedieron a las elecciones. Altavoz para azuzar la manifestación en Génova ante la sede del PP, altavoz de las caceroladas en la Puerta del Sol y alma del desconcierto ciudadano con los supuestos suicidas de los trenes. Tras las elecciones el turno le tocó al PP y a sus medios afines. Venganza durante toda la legislatura, erosión al PSOE a cualquier precio e irresponsabilidad junto a los socialistas de quebrar cualquier acuerdo en política interior y exterior de Estado, materias con las que no debe caber el juego electoral porque de ellas depende la cohesión e integridad del Estado y la Nación. El Mundo y la Cope de Pedro J. y Losantos hicieron de voceros de lo que los populares sólo quisieron seguir insinuando: que ETA estaba detrás de los atentados. Con las teorías conspiranoicas al estilo de la Cadena SER con aquella falsa trama inmobiliaria de Madrid. ¿Recuerdan aquella manipulación para evitar que Simancas perdiera las elecciones de la Comunidad de Madrid? El famoso ruido de sables que se inventó la SER. Zapatero anunció que desvelaría las pruebas contra Tamayo y Sáez en el Congreso, después nunca más se supo. En esta trama por la vinculación de ETA, el famoso Luís del Pino redactó su Código Da Vinci particular con el sumario del juez del Olmo y el equipo de investigación de Pedro J. Cuatro años así para que luego todo quede en agua de borrajas. El juicio mediático paralelo durante la elaboración del sumario confundió más a los ciudadanos y durante el propio proceso los pelanas han quedado como autores no ejecutores de no se sabe quién. Al final, confusión, confusión y más confusión. Las víctimas polítizadas e indignadas, los ciudadanos hartos y desalentados y la sociedad más descreída y dividida. Los malos tuvieron su venganza y consiguieron lo que el mal siempre persigue: dividir para vencer. No obstante, los que creemos y tenemos esperanza, estamos tranquilos porque sabemos que nada permanecerá ocultó y que algún día conoceremos aquello con lo que los políticos no han dejado de llenarse la boca: sabremos toda la Verdad.

Fotografía de Javier de la Rosa