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ANÁLISIS DE ESPAÑA

¿Quién manda en el PP?

Fotografía

Por Alejandro RequeijoTiempo de lectura3 min
España22-07-2007

Esta semana se van a cumplir cincuenta días desde que la banda terrorista ETA pusiese fin de manera oficial a su alto el fuego permanente decretado el pasado marzo de 2006. Durante estos últimos dos meses los terroristas han intentado en diversas ocasiones materializar su enésimo paso atrás por medio de un atentado. El primero tras la ruptura de la tregua. Pero éste todavía no ha llegado. Ya sea por la buena labor de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, o por la torpeza de los propios etarras (el de Castellón, por ejemplo, se dejó olvidado su kit de destrucción en el asiento del taxi), el caso es que la reaparición de la banda se retrasa más de la cuenta a pesar de que se consideraba inminente. En esto, tanto el Gobierno como la oposición ya habían mostrado sus cartas y se habían dejado claro mutuamente que la lucha antiterrorista no iba a quedar exenta de la carrera electoral. Por ello el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, y en concreto el Ministerio del Interior, encabezado por Alfredo Pérez Rubalcaba, se han curado en salud y han extremado todas las precauciones. Todo esfuerzo es poco para evitar un nuevo atentado de ETA que de paso pudiese servirle a la oposición como motivo de crítica. Pero de momento, son los socialistas los que están ganando la partida y el tempo de este sprint final de legislatura. Más si cabe cuando reciben algún regalo sorpresa como el que les ha brindado Piqué con su repentina dimisión. Lo sucedido en Cataluña ofrece varias lecturas. La más inmediata es que el PP de Cataluña tiene difícil solución. Entre el Tinell y el miedo de CiU a perder votos conservadores, los populares catalanes se han convertido en una formación necesaria para el resto de partidos, pero ruinosa para si mismos. Si el PP no tuviese que responder por los pocos catalanes que les votan, no le iría mal retirándose de la puja en esa comunidad. Sería interesante. Aunque sólo fuese por ver cómo se las arreglaría más de uno sin ellos. No obstante, en concreto, la dimisión de Piqué es el resultado de una política errónea de Rajoy, quien dejó que el núcleo rancio de su partido defenestrase a un dirigente válido como es Piqué tan solo por insinuar la mitad de lo que Arenas ha hecho luego en Andalucía. La esquizofrenia estatuaria del PP es la que ha terminado con Piqué y de paso ha dejado entrever que, pese a cambios de cara a la galería como la recuperación de Costa –hombre próximo a Rato- y el golpe de aire fresco que supuso la victoria en la municipales de la mano de gente como Gallardón, Camps o Barberá, a la hora de la verdad, en Génova siguen mandando los mismos. Es decir, aquellos que a la mínima oportunidad aprovechan para acordarse de Aznar y su legado (Sirera dixit). Rajoy debería darse cuenta de que esa gente es precisamente la que no le conviene. Ya sea por nostálgicos o porque lo que de verdad quieren es su cabeza.

Fotografía de Alejandro Requeijo

Alejandro Requeijo

Licenciado en Periodismo

Escribo en LaSemana.es desde 2003

Redactor de El Español

Especialista en Seguridad y Terrorismo

He trabajado en Europa Press, EFE y Somos Radio