SIN ESPINAS
El último salto de Polanco
Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión22-07-2007
"Todo se ha acabado", dijo Polanco antes de morir la noche del viernes al sábado. Por circunstancias de la vida les puedo contar que estas fueron sus palabras. Poco antes se había despedido de su familia. Todos sabían y él era plenamente consciente de que el tiempo se le había terminado. "Todo se ha acabado”, decía Polanco postrado en el lecho de su abismo después de haber divisado el horizonte desde las alturas que puede ofrecer este mundo. Pero como declamaba el poeta existencialista: "Después de todo, todo ha sido nada, a pesar de que un día lo fue todo (...) qué más da que la nada fuera nada, si más nada será después de todo. Después de tanto todo para nada". Polanco sabrá a estas horas la mentira de estos versos espectaculares y desesperados de José Hierro. O tal vez ambos inmersos en la verdadera nada de la muerte, no podrán saber que su desesperanza era cierta. La obras del ex propietario de Prisa le hicieron vivir como si Dios y la Iglesia fueran un impedimento para hacer su voluntad; pero a la postre lo que es seguro hoy es que el imperio que levantó ya no es suyo; pues suyo sólo será lo que haya amado en este mundo. En un ejemplo pleno de realismo, el que sólo Dios puede tener, Jesucristo preguntó retóricamente: "¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?“ (Mateo 16, 24-28). Cuando cursaba mi último año de Periodismo, Polanco vino a dar una charla a la universidad en la que yo estudiaba. Después de reconocer que era parco en palabras, nos señaló que sólo nos daría un par de consejos y luego respondería a nuestras preguntas. Nos dio un consejo muy bueno y otro muy malo. El malo permitía entender por qué se hizo con la fortuna y el poder que llegó a poseer; el buen consejo también. El malo no lo citaré porque no quiero hacerle propaganda al mal; pero el bueno era muy sabio. Contó Polanco que de pequeño tenía un profesor de natación que antes de empezar una carrera les decía a sus alumnos: “Si queréis ganar, cuando saltéis al agua, creer que del brinco seréis capaces de llegar al otro bordillo”. Los chicos sabían que eso no era posible pero entendieron que con esa actitud conseguirían saltar más lejos. Polanco nos aseguró que aplicando siempre esa máxima en su vida, había llegado incluso más lejos de lo que él mismo hubiera podido imaginar. Yo espero que aunque sólo fuera después de decir las funestas palabras que pronunció poco antes de su muerte, Jesús Polanco haya hecho su último salto creyendo que podía llegar al otro lado. Si no, efectivamente, todo se habrá acabado.
