SIN CONCESIONES
El mismo terrorismo
Por Pablo A. Iglesias
3 min
Opinión24-06-2007
Seis soldados españoles han muerto en Líbano. Esta vez no se ha caído por causas extrañas el helicóptero en el que viajaban. Tampoco ha volcado el blindado en el que se desplazaban al tomar una curva. No señor. Han muerto en un atentado terrorista. Una bomba explosionada al paso de su vehículo ha asesinado a estos compatriotas que sacrifican su vida por servir a los demás. El ministro de Defensa, José Antonio Alonso, ha reconocido este "ataque premeditado" que pone de manifiesto el auge del terrorismo en Oriente Medio. Ya no es sólo Israel quien sufre los atentados. Todos los demás son enemigos a los ojos de los islamistas. Su fanatismo no sólo le lleva a asesinar a judíos y cristianos por razones de religión. Mata a todo el que considera extraño, incluido los soldados españoles integrados en la misión de paz organizada en Líbano por Naciones Unidas. El terrorismo deja al descubierto la falacia de la dicotomía entre paz y guerra. En el País Vasco o en el Líbano, en Iraq o en Afganistán. El asesinato indiscriminado de indefensos e inocentes no admite distinciones ideológicas. El terrorismo es terrorismo, ni es una insurgencia ni es una guerrilla ni es una resistencia. Los terroristas son tales cuando estallan una furgoneta bomba en el aeropuerto de Madrid o colocan un coche repleto de explosivos en un aparcamiento de Bagdad. Por mucho que se criticara la invasión de Estados Unidos contra Sadam Husein, a estas alturas no puede sostenerse que la guerra continúa. Hay un gobierno legítimo salido de las urnas y unos tribunales que están condenando por genocidio a los mandatarios del régimen de Sadam. Si Iraq no ha recuperado la normalidad es porque los terroristas de Al Qaeda provocan una masacre casi a diario. Algo similar a lo ocurrido en Líbano con el asesinato de seis soldados del Ejército español o en la región israelí de Gaza con la persecución de los palestinos más moderados. El terrorismo tiene su causa en la locura antidemocrática de los asesinos y en el ansia de imponer sus dogmas a los demás. Algunas veces actúan por venganza, pero siempre matan como el camino más rápido para conseguir sus objetivos. En Iraq, en Palestina, en Líbano e incluso en el País Vasco, lo que quieren los asesinos es poder. El terrorismo se ha convertido en un instrumento mediante el que las minorías logran altavoz a sus ideas y tratan de llevarlas a cabo a través de la fuerza. Por eso aniquilan a un grupo de mujeres en el mercado de Bagdad, asesinan a dos ecuatorianos en la T-4 de Barajas y vuelan por los aires en Líbano a seis soldados integrados en una misión de la ONU. Por eso, también, la respuesta debe ser la misma en todos los casos. No caben guerras ilegales como la de Bush, Aznar y Blair pero tampoco caben negociaciones políticas como la emprendida en España por Zapatero. La respuesta debe ser tan seria y contundente como el peso de la ley. Lástima que algunos necesiten tres años en el gobierno para percatarse de ello.
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Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito