ANÁLISIS DE SOCIEDAD
Mi madre no trabaja
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad06-05-2007
Como mi madre no trabaja, el pasado domingo hizo la cama, puso la lavadora, fue a la compra, recogió la casa e hizo la comida para diez. Así celebró su día y el de su cumpleaños que esta vez coincidieron en el calendario. Ese fue su particular turno de mañana del primer domingo de mayo, que traducido al mercado laboral, podría haberse ingresado -sin contar que habría que pagarle los gastos que tuvo para realizar sus compras- unos 40 euros. Pero mi madre no es asistenta, ni tiene contrato, ni defienden sus derechos laborales los sindicatos, ni cobra la hora de trabajo doméstico a ocho euros. Mi madre no tiene una carrera universitaria, pero hizo todo lo posible para que yo tuviera unos valores y unos principios sólidos en estos tiempos de botellón, fuera a la universidad, y de vez en cuando sigue insistiéndome en que termine la tesis doctoral. Mi madre también necesita que la escuchen, pero hace de psicóloga conmigo cada tarde, cuando la llamo desde el trabajo después de comer. Mi madre tiene una vieja máquina de coser con la que fue explotada laboralmente en su adolescencia que ahora utiliza para ser mi decoradora particular cosiéndome las cortinas del piso. Por todo ello no la pago un euro. Sé a ciencia cierta que se enfadaría mucho si yo lo hiciera. Mi madre, según la sociedad, no trabaja, pero invierte su tiempo, su paciencia y su dedicación en todos los que la rodean. Los sindicatos, de vez en cuando, nos alertan de las graves cifras de muertos y accidentados en el trabajo. Pero en el hogar, bajo el dulce techo de la sede social de cada familia, los accidentes y los accidentados son también muchos. Es más, mayoritariamente son muchas, muchas mujeres, muchas madres. Mi madre se quema con la plancha, con el aceite, se resbala cuando limpia el suelo, se cae de la escalera cuando cuelga las cortinas, se corta, se pincha, se pela las manos y no se queja. No se queja ni ella ni ningún sindicato en su lugar. Mi madre, como otras muchas mujeres, sí que trabaja, lo que no hace es cobrar por su importante labor. La otra noche me hizo croquetas. En un restaurante, algunas menos de las que ella cocinó, me habrían valido el uno por ciento de mi sueldo. Pero ella tampoco esta vez cobró un euro. Por cierto, mamá, estaban estupendas.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo