ANÁLISIS DE LA SEMANA
Los visibles y los invisibles
Por Amalia Casado
3 min
España11-11-2001
Todo es posible. Todo se puede hacer. Si se quiere, si se cree, si se apuesta. Si se lucha. Este no es, sin embargo, el sentir popular. La falta de modelos y ejemplos de compromiso genera desórdenes en la psicología social. Se manifiestan en la histérica necesidad de construir héroes sólo cuando son rentables políticamente. Y esta afirmación no pretende desmerecer la actuación del ciudadano anónimo que ha permitido esta semana la desarticulación del comando Madrid y la captura de los asesinos que intentaban acabar con la vida del secretario general de Política Científica, Juan Junquera. Es evidente su valentía. Juan Junquera tuvo mejor destino que el juez José María Lidón. Más interesante que la búsqueda sin sentido y bochornosa del rostro, identidad o declaraciones del anónimo es interesante sacar conclusiones de su actuación para la vida. Se proponen dos reflexiones. La primera, que todo hombre se convierte en héroe cuando se compromete con una buena causa. Cuando se compromete de verdad, hasta las últimas consecuencias. Algunos de estos héroes tendrán el premio de que les sea reconocido el esfuerzo. Pero, quien en conciencia se compromete con un sentido, lo que persigue es hacer posible ese sueño, independientemente del reconocimiento social. Éste puede llegar o no. El heroísmo no depende de él. En la vida cotidiana se encuentran muchos ejemplos de hombres y mujeres con un alto sentido de la responsabilidad. Madres, padres, profesores, médicos, abogados, secretarios, cocineros... comprometidos. Podrían llamarse los “hombres y mujeres invisibles”. La segunda reflexión apunta a quienes, por su cargo, tienen una relevancia social que los convierte de inmediato en visibles ante la mayor parte de los miembros de una sociedad. Por ejemplo, los políticos. La dignificación de la política vendrá de la mano de hombres y mujeres comprometidos con la honradez. La responsabilidad de estos, que podrían llamarse “hombres y mujeres visibles”, viene, precisamente, de las consecuencias sociales que su comportamiento conlleva. Los desgraciados protagonistas de los casos Gescartera o Fondos Reservados son la antítesis de lo que debería ser el buen político. Lo bueno y lo malo se han pasado de moda. La sociedad postmoderna se ha vuelto tan perezosa y light que prefiere apostar por el todo vale antes que por la más difícil misión de discernir lo bueno de lo que no es tanto. Por fin se pudo renovar el Consejo General del Poder Judicial, pero los políticos de PP y PSOE ofrecieron a los ciudadanos un ejemplo bochornoso y antiheróico. Las intrigas internas en el Partido Socialista Vasco nada tiene que ver con el espíritu ético y estético que proclama su secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero. El mal comportamiento de los políticos afecta directamente a los ciudadanos: un Partido Socialista Vasco débil merma, sin duda, la defensa de cada uno de los hombres y mujeres que confían en él, y aleja la posibilidad de una paz duradera en el País Vasco. “Democratismo cínico” es como algunos definen con cierto desprecio la actitud de muchos españoles que afirman creer en la democracia al tiempo que reiteran sospechar permanentemente de sus políticos. Cinismo o realismo, es comprensible: a los ejemplos se remitan. Pero alguien tendrá que demostrar que todo es posible. Que puede hacerse buena política: si se quiere. ¿Nadie lo cree? Todo es posible.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo