Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

SIN ESPINAS

El hombre avestruz

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión20-11-2005

A veces a uno le entra la tentación de dormirse con está sociedad dormida. Muchas cosas cambian constantemente. Demasiadas, cuando se le trata de dar un sentido trascendente al cambio por el cambio. Precisamente, la ausencia de transcendecia es lo que nos asola. Las realidades que se nos ofrecen a diario tienen un recorrido muy corto, pertenecen al nivel más básico de la realidad. A ese, al material, que se agota casi antes de empezar. Los frutos de las experiencias que vive el hombre de hoy son tan efímeros que cuando uno acaba de vivirlos ya está anhelando repetirlas. A la siguiente ocasión, por breve que haya sido el intervalo, el individuo hace todo lo posible por olvidarse de lo caduco de la sensación que va a experimentar para entregarse a ella como un sediento ante una gota de agua en medio del desierto. Surge así, un proceso de eterna insatisfacción. El infierno debe ser la conciencia de ello. Aunque no lo percibimos plenamente porque estamos dormidos. El círculo vicioso que se crea nos lleva a estar enganchados a algo que nos degasta y nos erosiona, que se nos escapa porque no podemos atraparlo ni seguir su ritmo. Demasiados canapés para una fiesta con unos estómagos tan pequeños. Al final, nuestro ojo pide probarlos todos y nuestro paladar se da cuenta de que no hemos saboreado ninguno. El hombre de hoy es la consecuencia de otro que lleva huyendo mucho tiempo. Que no quiere afrontar la realidad hasta negar que está le pueda ofrecer siquiera una pequeña verdad, cuanto menos, la verdad de su vida. Creía que escaparía de ella afirmando que no hay más verdad que la suya propia, la subjetiva; es decir, la que es producto de la ensoñación de cada uno. Consideraba que reduciéndola y limitándola de esta manera podría atraparla o escapar de ella. Sin embargo, la verdad de la realidad se sigue imponiendo inexcusablemente. Pero ahora, no creemos en ella porque tememos la que no hemos querido afrontar. Y mientras la verdad se sigue revelando al hombre, a éste sólo le queda una opción: transformarse en avestruz y esconder la cabeza en el agujero. Por eso, está el mundo como está. Por eso, el bombardeo constante de noticias terribles, que en rigor, no podemos asumir más que de una manera epídermica y superficial. Recibimos el impacto por un instante, el que dura la lectura del titular o la visión del fotograma, y tratamos de recomponer nuestra existencia a la espera de que mañana nadie nos recuerde lo de ayer porque mañana un cambio nuevo vendrá: ¿será otro el número de víctimas? ¡Que curioso! Nos encontramos un hombre alienado que vive unicamente de sensaciones y que cree que si no las experimenta no está vivo. Un ser humano epidérmico que ha generado costra en su piel, en sus sentidos y en su corazón, y al que sólo los golpes y los impactos consiguen hacer vibrar su caja de resonancia. Tal vez sea hora de una nueva huida, pero esta vez para encontrar la Verdad y escapar del sinsentido.

Fotografía de Javier de la Rosa