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SIN CONCESIONES

La guerra de Katrina

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura2 min
Opinión02-09-2005

Nunca una mujer había causado tanto daño a los hombres. Se llama Katrina. La suya no es una historia de amor pese a haber destrozado el corazón de miles de personas. Un varón vio cómo su esposa salía volando atrapado por las garras del fuerte viento. Otros han perecido bajo las aguas que ha arrastrado la galerna. Los que han logrado sobrevivir ahora recorren moribundos las calles de Nueva Orleans en busca de alimentos. Algunos han perdido sus casas. Muchos han perdido la vida. Ni siquiera se sabe cuántos. Sólo sabemos que la naturaleza ha vuelto a ganar una batalla al superhombre todopoderoso. Antes ocurrió en Indonesia e Irán. El poder de la naturaleza no entiende de continentes, lenguas o economías. Quizá el primer mundo comprenda ahora la verdadera debilidad del hombre. Quienes a diario contaminan y destruyen el planeta creen que el maltrato a la Tierra saldrá gratis. Incendios, huracanes, terremotos y tsunamis confirman la subordinación del hombre a su esencia natural. El Protocolo de Kioto es un analgésico comparado con lo que realmente haría falta para sanar el planeta. Esta es una de las lecciones que deja el azote de Katrina. La otra enseñanza es la pésima gestión de las autoridades de Estados Unidos. Las labores de salvamento son tan lentas como las que en su día pusieron en marcha países subdesarrollados como Indonesia e Irán. Bush ha fracasado por completo por mucho que ahora se fotografie junto a los afectados y mantenga videoconferencias, al estilo Zapatero tras el supuesto accidente de Afganistán. Katrina ha dejado en evidencia a la administración de Bush pero va camino de dejar en ridículo a su carroñera oposición. Sin motivo aparente, los detractores del presidente norteamericano han encontrado algún tipo de vínculo entre el huracán y la guerra de Iraq. Quizá sea por el número de muertos o quizá sea simplemente por la letra K, ya que allí escriben con esta grafía el país de Sadam Husein. La obsesión iraquí de Michael Moore y otros de sus compatriotas dice muy poco de ellos. Al fin y al cabo, quien vive obsesionado es porque no es capaz de elevar la mirada más allá de sus propias mejillas. El verdadero problema de Estados Unidos en estos momentos no es la guerra de Iraq sino el estado en que se encuentran miles de damnificados. Ya habrá tiempo para la crítica política y la oposición. Por ahora toca cerrar las heridas que una mujer de nombre exótico ha dejado en los hogares y en el corazón de millones de estadounidenses.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito