ANÁLISIS DE LA SEMANA
Pobres personas
Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad30-09-2001
Gloria, que estás en la gloria –o por ahí cerca, según cada dios– dirás como decías que hay que hacerles caso a los niños. Siempre sinceros, crueles a veces, inocentes más que nadie y personas desde que lo fueron un día. Y después de los niños, hay que hacer caso a las bestias, pero sin hacer burradas ni tampoco el animal. Por si no lo sabías, el debate de la reforma del Código Civil en el Congreso para favorecer legalmente a los homosexuales ha alzado la voz tan alto que se ha perdido el respeto, Gloria. Salvo excepciones, desde cada ámbito, partido político o sector social han surgido palabras que manifestaban que el problema no está en crecer y ser menos niño, sino en querer ser más persona que el otro e imponerse. Y descalifican. Sufra quien sufra. Alguna persona –varias, muchas– ha alzado la bandera de la libertad sin pararse a pensar en que la misma libertad permite expresar de todo a todos: que España va bien o va fatal, que el país debería parecerse o no a otros y seguir sus pasos en la legislación de las reivindicaciones de este sector, perdón Gloria, de estas personas que lo son desde el primer momento, como todos. Pero en ese instante donde se enciende la primera chispa de la vida no está ni la CNN, que ya es decir, y por eso el debate, otro debate más, está en la Ciencia –donde algunos abogan por investigar con células madre, por no decir las de los hijos–, en ese límite que pone a la Ética. O viceversa. El debate está en la Ética que debe imperar sobre los compuestos, las mezclas y las moléculas, si creemos que por encima de todo está la persona, no sus impulsos y su fuerza bruta, que es peor que la de muchos animales. Gloria, estés donde estés, quizás en la recién descubierta Atlántida o en el piso de al lado, espero que recibas este mensaje limpio, y que no nos fallen las emisiones radioeléctricas de España, que ahora además de antenas tienen decreto. Tú que escribiste sobre un Pobre burro sabrás cómo tenemos que hablar de la gente. (“No llamar burro al burro, llamadle ayudante del hombre o llamadle persona”) Pero, no te preocupes, Gloria, que en unos meses tenemos nueva Ley de Universidad. Esperemos que, al menos, regule el estudio de los poemas de una persona que amó a los niños, y a los grandes. Y a las pobres personas que sufren por culpa de otras.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo