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SIN ESPINAS

A favor de la familia

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión13-06-2005

La manifestación del sábado sólo puede entenderse como un acto en defensa de la Familia. A favor de la institución primordial de cualquier sociedad humana, que es anterior al propio Estado que ahora la regula. Igual que no puede haber libertad si no hay vida, no puede haber Estado sin Familia. Con la ley de “matrimonios” homosexuales que el gobierno Zapatero lleva adelante sin dilación, se establecerá una nueva definición legal de esta entidad. El cambio sólo es posible con la invención de una ficción legal basada en la tergiversación del concepto en su misma esencia. Es decir, no reconociendo que la sustancia de la unión marital requiera la diferencia de sexos. Lo que es igual a decir, con otro ejemplo trivial, que un sandwich sin pan puede seguir considerándose como tal. Además, convertirá a la nueva modalidad jurídica en un contrato incapaz de ayudar a la sociedad a perpetuarse y donde la importancia del carácter complementario del hombre y la mujer, base de esa unión, quede anulado. Los homosexuales tienen en la sociedad los mismos derechos que cualquier ciudadano porque los derechos de los seres humanos no dependen ni de su sexo ni de su orientación sexual, sino en cuanto que son personas. Pero a dos personas del mismo sexo no les asiste ningún derecho a contraer matrimonio entre ellas. Por eso, que las leyes lo impidan no supone discriminación alguna. Antes al contrario, será injusto y discriminatorio tratar al verdadero matrimonio igual que una unión de personas del mismo sexo porque se igualará la situación de aquellos que son capaces de cumplir las funciones y obligaciones por las que el Estado les reconoce unos derechos y unas garantías legales con aquellos que son incapaces. El derecho civil les confiere al verdadero matrimonio un reconocimiento porque garantiza el orden de la procreación, lo que es de eminente interés público. El matrimonio natural es la base insustituible del crecimiento y de la estabilidad de la sociedad cuyo potencial demográfico depende de él. De hecho, el esquema de la extinción de las civilizaciones desaparecidas siempre ha sido el mismo. Descenso de la natalidad, envejecimiento, declive y finalmente la decadencia. Por esa incapacidad de procrear, la nueva modalidad de unión es nociva para el recto desarrollo de la sociedad humana, sobre todo si aumenta su incidencia en el tejido social. Por tanto, el efecto "pedagógico" de la ley será además negativo y tendente a socavar el bien común. Estamos pues ante la creación de un sistema legal contrario a la razón con una ley injusta que en realidad no ampliará ningún derecho, sino que se lo inventará creando una clara discriminación social. Falsificación legal tan dañina para el bien común como la creación de una moneda falsa para la economía de un país, que la devalúa y pone en peligro todo el sistema económico. Será introducir un engaño en el sistema y en este caso, el Estado no solo permitirá el fraude sino que lo promocionará. La historia universal así lo confirma: ninguna sociedad ha dado a las relaciones homosexuales el reconocimiento jurídico de la institución matrimonial. Por eso, desgraciadamente, Zapatero pasará a la Historia. Ante este atropello la obligación moral nos pide ser decidido y no complacientes para encararse a esta ley de forma clara y persistente. Oponerse a normas inmorales, contrarias a la razón, no es ir en contra de nadie, sino a favor del amor a la verdad y al bien de cada persona. El próximo sábado 18 a las 6 de la tarde en Cibeles habrá que decirle claro a nuestros dirigentes que “la familia sí importa”.

Fotografía de Javier de la Rosa