ANÁLISIS DE DEPORTES
Con la Copa... ¬telahinco¬
Por Roberto J. Madrigal
2 min
Deportes12-06-2005
A los acérrimos del fútbol los han tenido en vilo hasta el último día, y a los que lo ven de vez en cuando, con las idas y venidas para encontrar una cadena que diese en abierto la final de la Copa del Rey, se les han quitado las ganas de un plumazo. Después de que Antena 3 comprara los derechos de los Mundiales de Corea y Japón, los acontecimientos que por primera vez ofrecen las cadenas privadas se multiplican: ahora le toca el turno a una cadena que nunca ha apostado por el fútbol -de hecho, son más famosas las sentencias para saltarse las imágenes de Audiovisual Sport, propietario de los derechos de la Liga, y conseguir imágenes propias en los partidos-, Telecinco, a pesar de que las perspectivas de audiencia no son ni mucho menos para tirar cohetes: los cálculos se cifran en torno al 20 por ciento, unos números ridículos en comparación con los que mueve, en la misma cadena, el fenómeno de Fernando Alonso y la Fórmula 1. Las consecuencias que dejan episodios como éstos son, sencillamente, nefastas. Para empezar, la evidencia de tener que negociar a la baja los derechos televisivos quitan lustre a la final de Copa, que pese a la mayor emoción de las primeras rondas, por el riesgo de eliminación de los grandes en las eliminatorias de partido único, queda muy descafeinada -desde el punto de vista del interés general- cuando las disputan equipos de menor renombre: con alguna excepción, queda claro que los más interesados en la final eran los aficionados navarros y andaluces. Al resto nos dejó más o menos igual, más aún después del espectáculo, que al menos tuvo toda la intensidad que se podía esperar, del partido que cerraba la temporada. Pero sobre todo, la sensación que queda es la impunidad del tenedor de los derechos, sin que exista ninguna medida correctora -ni la intención de ponerla en marcha- por parte de la Federación Española y su presidente, Ángel María Villar. ¿Para qué está en el cargo, si no? Velar por la salud de la competición, el cumplimiento de la normativa que establece el interés general de las retransmisiones audiovisuales -un simple papel mojado, por lo visto-, como bien hicieron el Consejo Superior de Deportes y el secretario de Estado del ramo, Jaime Lissavetzky, al denunciar la situación, deberían ser algunas de sus funciones. Pero nadie se sentará a analizar la situación ni las posibilidades de mejorarla, más allá de la simple venta de los derechos -con acciones de promoción conjuntas con Santa Mónica Sports, por ejemplo-. La imaginación es nula, porque tampoco se quiere mejorar: con aprovecharse del trabajo y la ilusión de los clubes es más que suficiente. Veremos si, cuando el fútbol pierda interés, nadie se lleva las manos a la cabeza.
